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sábado, 20 de febrero de 2016

EL FENÓMENO PSICOLÓGICO DEL ESTADO DE TRANCE







            En un artículo publicado en una revista y titulado “La antología de los Fantasmas”, del cual es autor Hereward Carrington, leemos que él mismo ha producido con todo éxito el trance místico artificialmente y que los sujetos de tales experimentos reproducen exactamente el lenguaje de los místicos de la historia. Sin duda este aserto está hecho con el propósito de descontar la realidad objetiva de los mundos superiores, pero el artículo nos sugiere la siguiente pregunta. Si, como él dice, es posible producir los diversos estados místicos, artificialmente por medio de drogas o de otro modo cualquiera, ¿cómo conocerá el aspirante sincero el estado genuino del provocado? ¿Cómo distinguir entre iluminación espiritual y una intoxicación psíquica?



            Nuestra contestación a estas preguntas es que los investigadores científicos dedicados a la comprobación psíquica han frustrado su idea por llevar su escepticismo hasta un extremo absurdo. Según uno expresó esta idea delante del autor, él “no creía en fantasmas aunque viera uno, sencillamente porque no hay tales fantasmas, y él sabría que la cosa que él pensaba era un fantasma sería solo una alucinación.” Ellos son como el irreducible Celt que suponía poseer una mente amplia y abierta y deseaba ser convencido pero después añadía con toda la vehemencia que podría poner en sus palabras: “Más mostradme el hombre que puede hacerlo.”



            Sin embargo, la sociedad “Psychic Research Movement” ha dado este buen resultado: ha coleccionado un inmenso número de datos y pruebas los cuales tienen un alto valor en el estudio de las fases ocultas de la vida cuando las examinamos desprovistas del andamiaje que sobre ellas han colocado los investigadores científicos materialistas.



            Entre otras cosas se ha comprobado en varios casos en los que el médium era muy ignorante y completamente inculto que el estado de trance trajo resultado que asombraron a los presentes de indecible manera. Sabemos  el de aquella joven sirvienta que en estado ordinario era muy estúpida e inculta y que puesta en estado de trance desarrolló un discurso en lenguaje hebreo en forma y de tal naturaleza como podría haberlo hecho un ilustre catedrático. Ahora la pregunta anterior nos pide la explicación de cómo estas cosas pueden producirse.



            Hay solo una teoría que pueda dar una explicación satisfactoria abarcando todos los aspectos en todos los casos es decir, la que nos dice que todos nosotros hemos llegado a nuestros estados actuales en la escala de la evolución a través de muchas encarnaciones en la gran escuela de la vida. En cada vida de éstas hemos aprendido algunas lecciones y estamos continuamente aprendiendo más, y de este modo en el curso de los tiempos hemos adquirido una gran cantidad de conocimiento el cual está aumentando día tras día y vida tras vida. Nuestros vehículos también se han hecho mejores, más sensitivos y refinados, pero nadie en la tierra es capaz de expresar todo lo que el Espíritu suyo que mora en su cuerpo sabe o  conoce. Ni tampoco debemos de intentar explicárnoslo diciendo que ello podría se hecho por las jerarquías divinas que guían nuestra evolución,  porque tal versatilidad nos prevendrá de concentrar nuestros esfuerzos sobre las personales lecciones que necesitamos aprender en ambientes particulares.



            Tenemos, por ejemplo, el caso referido de la muchacha estúpida que en el estado de trance se convertía en una persona culta. Juzgando por los aspectos de este caso ella habría tenido en la opinión del autor, una mente brillante en una existencia anterior, pero fue probablemente, orgullosa, arrogante e imperiosa. De aquí que hizo necesario darla una lección de humildad en el que no tuvo oportunidad para educarse. Por lo tanto el cerebro se hizo obtuso y ella debió hacer frente a las duras condiciones de la servidumbre, rayan en la esclavitud, que prevalece en la Europa Central, viéndose precisada a aprender una lección de humildad que la era tan necesaria.



            Estos casos nos dicen que existe latente una gran suma de conocimientos y experiencias ocultas en cada individuo y las que son accesibles cuando el normal sentido de la vida del cuerpo ha sido acallado por aquel momento. Podemos también observar que este fenómeno difiere sutil y radicalmente de las actividades psíquicas observables bajo el control de un Espíritu.



            En armonía con lo observado por el autor en varios cientos de casos, cuando un médium está controlado por un espíritu desencarnado, el Ego del médium envuelto en sus vehículos superiores es expulsado del cuerpo. El Espíritu controlador entonces está detrás de la víctima manipulando la lengua y los órganos por medio de la médula  oblonga y por lo cual hace que hable o se mueva conforme él desea. La “Luz de la Vida” se ve entonces como una antorcha encendida elevándose por el canal espinal y la médula, donde se oye un sonido algo semejante al rumor de un arco voltaico de una corriente alterna y otra luz sonora proyectada por el espíritu controlador obscurece y abruma la primera luz y por tal medio mantiene al cuerpo físico en estado inconsciente. Pero es realmente doloroso oír el desesperado zumbido de la Luz de la Vida de la víctima en su lucha contra el agresor.



            Este fenómeno está ausente en la clase de los fenómenos de los casos en que el estado de trance esta inducido por sugestión o autosugestión. En ellos también el Ego se ve impelido fuera de su cuerpo denso y puede vérsele detrás manipulando los órganos de movimiento y del habla usando el cuerpo conforme a su deseo y como tan extraña posición le permite. Pero en esa clase de fenómenos la Luz de la Vida susurra serena y alegremente su canto, y no hay prevención perceptible como es en el caso de un obsesor o controlante espíritu. Así pues, la persona dotada de vista espiritual puede fácilmente diferenciar y distinguir una clase de la otra. Tampoco difiere el fenómeno de trance en este respecto cuando ha sido provocado por drogas, por lo menos hasta donde el autor ha podido observar, excepto en este particular, por supuesto, en  que es imposible para el espíritu volver a su vehículo hasta que la influencia de la droga ha cesado.



            Pero ¿Cómo podrá conocer el aspirante el trance genuino del provocado, cómo distinguir entre iluminación espiritual legítima de una intoxicación psíquica? El estado de trance no es nunca una señal de iluminación espiritual no importa como sea inducido. Antes bien es una condición mórbida y anormal que no debe ser deseada por ninguno que busque un conocimiento de primera mano; solamente hay un sendero recto para la iluminación  espiritual, y éste es por el cultivo de sus propias fuerzas anímicas. Construya su Cuerpo-Alma por una paciente persistencia en el bien obrar; ilumine a otros que conocen menos con el pequeño conocimiento que usted posee ahora; busque oportunidades para servir a los demás de acuerdo con su habilidad y sus ocasiones. Entonces algún día cesará usted de ver a través de un cristal oscurecido y conocerá  por usted mismo sin tener necesidad de depender otros.



                                                                                  Max Heindel

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