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viernes, 11 de marzo de 2016

ATAJOS DEL CAMINO ( I )






            Hay dos senderos que el hombre descubre cuando despierta y se da cuenta del hecho de que la existencia física que está viviendo no lo es todo. Entonces se halla en la encrucijada donde todos hemos de llegar algún día y donde todos tendremos que hacer una elección -escoger si hemos de continuar en el ancho y fácil camino, el camino del placer donde hallamos alegres compañeros, o si estamos listos para menospreciar las cosas terrenales y seguir el camino de la renunciación, la senda del puro vivir y de las aspiraciones espirituales. Algún día hay que hacer la elección, el hombre no puede continuar para siempre la vida mundanal, ni caminar a la vez por los dos senderos. Tiene que decidirse por el uno o por el otro.

            En la encrucijada donde se le da la oportunidad de la elección hay muchos desvíos y veredas que al alma brindan cosas maravillosas. La una detiene el rápido desarrollo del estudiante ofreciéndole el éxito y la dominación; en la otra están las tentaciones de un gran conocimiento del que puede resultar aun la adivinación; otro tienta el alma con los confortes de la vida y las riquezas, etc. Y de este modo el que busca vagará a menudo en su camino encontrando difícil la elección de aquella vía que le depare los mayores beneficios. Vacila, prueba primero este camino, después aquel otro, porque tantas atracciones, a las que es difícil resistir, lo están deteniendo a cada paso. El resultado es que, en muchas ocasiones, el verdadero sendero es el último que elige porque no está pronto a aceptar las restricciones que se le imponen. No está listo para vivir la vida de renunciación y de servicio, pero andando el tiempo él hallará que esta es la única verdadera vida, la única en la que él podrá realizar reales progresos.

            Cuando en el futuro él ha alcanzado el punto en que los misterios se entreabren para él, cuando por sus esfuerzos y celo ha llegado al lugar en donde principia a sentir la presencia de los altos poderes, todavía de ningún modo está colocado en un sendero de seguridad. Su camino se puede comparar a las sendas de áspera pendiente que serpentean alrededor de la montaña. A veces parece que se pierden en estrechas vueltas, a veces se sumergen en obscuras quiebras; y el ascenso es tan abrupto y rocalloso que los pies del viandante se llenan de ampollas. A menudo los animales salvajes se interponen en su camino y tiene que vencerlos antes de poder pasar adelante. Luego quizás vea una senda que se separa del camino que lleva y que le parece sea menos escarpada, se encamina por ella para reconocer más adelante que por esa vereda no se va a parte alguna, tiene que desandar lo andado sobre la falsa ruta y emprender nuevamente sobre el verdadero camino.

            El ascenso a una montaña es muy semejante a este viaje que el neófito tiene que hacer; su camino no es uno fácil, se encamina por entre los abruptos y espinos de la persecución, la renuncia de sí mismo y la dura labor. Tan pronto como una persona ha comenzado a ganar conocimiento en los mundos superiores y la filosofía esotérica se le apegan sin tardanza aquellos que andan a caza de quien los ayude a resolver sus problemas. El mundo está lleno de parásitos que nunca hacen el esfuerzo de pensar por sí mismos, que siempre están solicitando consejo y guía de los que han avanzado en el conocimiento en esferas superiores. El resultado es que el neófito se encuentra con que su tiempo se le va de ese modo quedándole muy poco para sí mismo.

            En esto hay, sin embargo, estupenda oportunidad para vencerse a sí mismo y desarrollar la facultad de la intuición, porque los que vienen a pedirle consejo lo obligan a sacarlo de su conocimiento interior. Esta es ciertamente la senda del servicio que con el tiempo lleva a las puertas de los mundos superiores. Si el neófito se puede abstraer en la obra de ayudar a los otros, tan completamente que no tenga tiempo para pensar en sí mismo o gratificar placeres mundanales, entonces puede tener por seguro que está en el verdadero camino, que sus pasos serán guiados y que se verá protegido por aquellos que van más adelantados que él en el sendero. Los guías invisibles dirigen a los que se hacen dignos de ello; y no importa cuando duras sean las pruebas a que se vea sometido el neófito desinteresado y digno, él debe sentirse seguro de que sobre él velan con cuidado protector invisibles influencias.

            Hay otro tipo de buscador de la verdad que conviene que analicemos un poco. Este es el que siempre busca atajos, medios cómo abreviar el camino, que inquiere sobre ellos y anda siempre tratando de hallarlos; sus corrientes están constantemente hacia el interior; esa clase de personas se hacen centro de atracción de los más inesperados peligros. Se enfrentan con tentaciones como nunca las habrían soñado. El buscador de atajos en el sendero del desarrollo espiritual, no solamente trata de acortar el camino sino que está determinado a tomar la más fácil vía. Él ambiciona que Dios le dé la libertad de los reinos espirituales y también le dé la libertad para sentarse y pensar en el Nirvana.

            Un hombre hizo la siguiente pregunta a quien esto escribe: “¿Qué está haciendo su Fraternidad en el sentido de conseguir para la humanidad mayor libertad para desarrollarse?” Supongamos que a un hombre que sólo desea la liberad por motivos egoístas se le diese desarrollo espiritual, ¿qué haría él con esto? ¿Podemos imaginarnos uno de ésos recibiendo en depósito de confianza el poder inherente al verdadero desarrollo? ¿Estaría la virtud segura en su presencia? Con el gran conocimiento vienen grandes responsabilidades. ¿Podría uno de los tales entender y usar de su conocimiento como es debido? ¿No sería él la fácil presa de las fuerzas de las tinieblas listas en todo momento para engañar y perder al que investiga? Los klingsores están en la tarea hoy en día como lo estaban en los viejos días del Graal, y muchos son los Amfortas que sucumben y son heridos a consecuencia del mal uso que hacen de sus poderes espirituales.

            Los grandes enemigos que el hombre encuentra en su sendero son el deseo del poder, el deseo de las riquezas, la vanagloria, la envidia y el conocimiento empleado en malos usos. Esos son los tropezaderos que se atraviesan en su camino. Cuando uno ha llegado a adquirir un provecho lo acosa por todos lados. Arrebatar sus secretos a la naturaleza frecuentemente llega a convertirse en obsesión para el auto-indagador; pero cuando el hombre abre el conducto que lo comunica con el divino poder de Dios, desgraciado de él si trata de emplear lo que revive para la gratificación de sus propios egoístas intereses. Si él acepta el agua de la vida, pero continúa en llevar una existencia de bienestar, llena de satisfacción de sus sentidos y sus bajas concupiscencias, gozando de riquezas mientras sus prójimos están en la necesidad, tiempo llegará en que el divino poder se cambie y lo destruya.

            Al tratar de estos asuntos conviene escribir algo respecto de los peligros del sendero. Muchos están jugando con poderes espirituales que se podrían emplear para el desarrollo oculto. El primero y el más temible peligro en la senda es el deseo de un rápido y pronto desarrollo esotérico. Uno no puede imaginar que se va a convertir en un experto ingeniero en unos pocos días o aún meses. Hay que aprender cada parte de la máquina antes de esperar que se pase con éxito el examen. Nadie tampoco espera llegar a profesor en un colegio si no ha dedicado su tiempo primero a años de estudio para la obtención del certificado correspondiente. Pero cuando el aspirante se convierte en alumno de la gran escuela espiritual de Dios y desea adquirir el conocimiento de los grandes misterios -que han permanecido ocultos para los indignos por edades y edades- él pretende que se le enseñe todo al tiempo en un momento. La impaciencia ha descarriado a muchos hacia la senda de las sombras.

            Cuando Fausto pregunta a Mefistófeles -“¿Quién eres tú?” la respuesta fue: “El poder que trabaja para el Bien aunque tramándolo en el Mal” El neófito que no ha purificado primero su vida por medio de un limpio vivir, puede compararse a los fariseos a los que Cristo apostrofaba diciéndoles: (San Mateo Capítulo 23)
24, ¡Guías ciegos que coláis el mosquito y tragáis el camello!
25. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo que está de fuera del vaso y del plato; más de dentro están llenos de robo y de injusticia.
26. ¡Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato para que también lo de fuera se haga limpio!
27. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera a la verdad se muestran hermosos, más de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.

            El aspirante es muchas veces persuadido, por esos guías ciegos para que siga el método de ellos y lo animan al tiempo para que continúe llevando su misma vida mundana. Se le dice que es del todo innecesario el dejar aquello en que se ha deleitado en el pasado; que puede continuar comiendo y bebiendo como ha comido y bebido durante toda su vida; que pude continuar en el juego del “pronto enriquecerse”, que puede continuar comiéndose los cuerpos de sus hermanos menores, los animales; que puede seguir deleitándose con los embrutecedores y matadores licores,  degenerándose entre el humo del cigarro y el cigarrillo; todo eso se dice puede continuar gozándolo cuando siga  los métodos de desarrollo de esos guías ciegos. Con esos métodos -y por un corto espacio de tiempo- le parecerá que consigue rápidos resultados; quizás llegue hasta el punto en que conscientemente pueda dejar su cuerpo y moverse en el bajo mundo de deseos. Puede desarrollar alguna clarividencia, y pasar por todo ello sin apariencia de peligro inmediato, pero este es sólo un caso excepcional, otros muchos con los mismos métodos vienen a adquirir dolencias en sus cuerpos y mentes, como resultado del desarrollo forzado. Este método pone en acción y vitaliza todas las fuerzas del cuerpo. Intensifica y aúna todas aquellas tendencias que no se han purificado todavía y que se levantarán entonces como una legión de demonios.

Sra. Heindel

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