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jueves, 31 de marzo de 2016

ATAJOS DEL CAMINO ( y II)






El mensaje de este trimestre hace referencia a nuestras citas del trimestre pasado las que se encuentran en el capítulo 23 del evangelio según san Mateo. En este pasaje encontramos que Cristo amonesta a los Fariseos respecto de la belleza exterior que es acompañada de una inmundicia interior. Cuando el hombre empieza a hacerse consciente de las cosas invisibles, cuando empieza a comprender los misterios del universo y de Dios, y en su ignorancia comienza a hacer uso de estos poderes poniendo, en juego el conmutador que lo relaciona con la sabiduría divina, bien debe dar atención a la amonestación que Cristo dio a los Fariseos. “¡Ay de vosotros! Escribas y fariseos, hipócritas”, pues lo son en verdad, más son también como niños que juegan con fuego por el que algún día serán seriamente quemados. Y ¡Ay! de aquel que acepte el “agua de la vida” pero que continúe llevando una vida de egoísmo y concupiscencia. Por algún tiempo se deleitará en sus riquezas materiales y en los placeres que ellas le ocasionen. Tal vez continúe en “comiendo, bebiendo y disfrutando”, y aún se regocije en el deleite que ocasiona el hacerse consciente de los mundos espirituales; tal vez se deje embaucar por algún supuesto “maestro”, el que ciegamente lo guiará, diciéndole que estos resultados podrán continuar y que sus poderes irán aumentando, pero llegará el día en que las fuerzas espirituales que ha despertado arremeterán sobre él para aniquilarlo. Bien pueden ocasionar algún impedimento físico o mental, pues, como se dijo en nuestro último mensaje, Dios y el diablo no son sino dos polos opuestos de la misma fuerza y esta fuerza es el poder que da vida al Sol, la luna y las estrellas.

            El macrocosmos entero, así como todo pequeño átomo, obra de conformidad con una ley superior, la que el neófito debe estudiar para comprender. Debe acudir a la naturaleza para recibir sus lecciones; debe estudiar ciertos principios patentes en la naturaleza, la comprensión de los cuales guía al conocimiento de las leyes y principios si tan sólo obra en armonía con ellas y no en su contra. En vez de demandar más para sí mismo, suplicando a Dios  le otorgue más, cosa que crea una corriente que envía la fuerza hacia adentro, debería él exigir más de sí mismo, y esto evocará del interior de su ser sus latentes poderes, y si persevera en este método desinteresado, quedará asombrado de lo mucho que podrá alcanzar. Entonces los mismos poderes que antes había pedido a Dios se desarrollarán gradualmente en el interior y responderán a su voluntad. Fuerzas que él poco soñaba comprender, descubrirá entonces y el desarrollo psíquico por el que tal vez haya gastado grandes sumas de dinero y horas de concentración sin resultado alguno, se realizará por medio de esta demanda positiva y continua que se haga a sí mismo, y así expresará cualidades que ignoraba poseer. Además, esta demanda traerá a la superficie el amor y el desinterés que hayan estado cubiertos por el yo inferior. Estas cualidades son de suma importancia pues únicamente ellas eliminan todo peligro cuando el hombre entra en íntima relación con los poderes de las fuerzas ocultas de la naturaleza. Pablo dijo en su segunda epístola a Timoteo, segundo capítulo, versículo seis: “Para que el labrador reciba los frutos, es menester que trabaje primero.”

            El neófito que haya recibido estas enseñanzas, no podrá recibir ningún provecho espiritual, no podrá esperar mucho desarrollo, ni ayuda de cualquier índole del Maestro, hasta que haga que estas enseñanzas sean parte de su vida, hasta que viva lo que crea sean las doctrina. El hombre no ha alcanzado su presente estado de desarrollo en una corta vida; ha crecido por medio de un lento y arduo proceso de desenvolvimiento. Existen muchas vidas terrenales entre el presente hombre avanzado y su hermano el salvaje. Nadie puede alcanzar la cima de la escalera sin subir por cada uno de los peldaños. Ni tampoco puede persona alguna alcanzar a ser Maestro con sólo la lectura de unos cuantos libros, el cumplir con ciertos ejercicios, o con un ayuno de días o semanas. Ni tampoco puede ser elevado por otros, puesto que el que descanse sobre otros haciendo nada por sí mismo, quien siempre busque a alguien quien lo eleve y trabaje por él, se quedará retrasado en la progresiva corriente de la humanidad. La grandeza se compra únicamente con el precio de la abnegación y el anonadamiento y sacrificio de sí mismo, pues Dios jamás otorga favores aunque siempre está dispuesto a pagar toda cuenta que se merezca.

            Los poderes que impulsan la evolución son el amor, la pureza y el servicio. No hay ningún otro camino. Los mundos celestiales no se pueden tomar por asalto puesto que jamás se abren a la impureza. Los mensajeros de Dios, por los cuales Él fragua sus milagros, y los que poseen en el interior los elementos del poder divino, harán uso de estos poderes únicamente para el bien. No confiarán al hombre poderes espirituales a no ser que se haga digno de confianza, a no ser que merezca el derecho de esa confianza por sus propios esfuerzos. Entonces despierta dentro de él un principio espiritual que actúa como un imán, y este principio atrae las fuerzas que se constituyen en alma del neófito por virtud de la cual todo desenvolvimiento se efectúa.

            Cual la nube que encubría el santuario del Tabernáculo del Desierto, este desenvolvimiento de la conciencia espiritual del hombre trae la realización de una Presencia, un despertar que lo hace consciente de Cristo, y que lo eleva hasta los verdaderos reinos de lo divino. Quien haya alcanzado tal estado de conciencia espiritual nunca la mal empleará para atraerse riquezas, ni tampoco para influir sobre las mentes de otros. El aumento de conocimientos trae mayores responsabilidades y el conocimiento de las sagradas verdades puede constituirse en poder peligroso cuando no lo acompaña el desarrollo moral. Puede resultar un poder sumamente destructivo. El Creador Omnisciente ha sabido limitar el conocimiento y toda vez que al hombre se sobrepasa en estas limitaciones y arranca de la naturaleza poderes que no se merece, puede tener la seguridad que el desastre le acaecerá.

            Tenemos prueba de esto al ver la suerte de la gente de la Atlántida quienes se embriagaron con el poder y el conocimiento que habían adquirido, estos perdieron todo conocimiento entre la diferencia existente entre el bien y el mal, y se destruyeron a sí mismos así como el continente en que vivían. Este relato de la inundación atlante se encuentra registrado en el “Génesis”. Los hijos de Noé, quienes fueron el núcleo de la quinta raza, llevaron el conocimiento de la magia atlante. Nimrod, descendiente de un hijo de Noé, era un poderoso cazador cuyo reino era la tierra de Shinar donde su pueblo edificó la Torre de Babel. Juzgando las leyendas antiguas, se esperaba que esta torre fuese un centro de iniciación, pero, así como los atlantes, los edificadores se esforzaron por obligar su entrada a los planos psíquicos por procedimientos indebidos. Fue intención de ellos el tomar al cielo por asalto haciendo uso de esta torre, y el resultado fue que ellos trajeron sobre su cabeza la ira de Dios quien destruyo la torre y confundió el hablar de los edificadores. Así vemos como el abuso de los poderes espirituales otra vez esparció y confundió a las gentes que abusaban de su conocimiento de las leyes espirituales.

            Debido al abuso del poder en tiempos de antaño todo lo relacionado con la Iniciación se guardaba en estricta reserva y se daba a algunos pocos que habían pasado ciertas pruebas y que eran merecedores de ello. Siempre se han infringido severos castigos por parte de la Ley de Consecuencia a quienes han infringido las leyes y a los que han usado su poder en la magia negra. La muerte y el enajenamiento mental han sido en muchos casos el castigo que han sufrido.

            El hombre de este siglo está acercándose rápidamente a la misma condición que existió en aquellos antiguos tiempos atlantes, y el aumento de los conocimientos cuando no va respaldado por un equilibrio moral tiende forzosamente a ocasionar terribles calamidades. El poder que no es acompañado por el amor y la compasión es un arma peligrosa, y para la protección del hombre, Dios ha puesto un límite al uso de este poder. Una influencia protectora se encuentra siempre laborando para proteger estos sagrados misterios, y esa influencia es el Guardián del Umbral, el demonio que se yergue como centinela para retar al hombre cuando se empeña en entrar al Lugar Santo. Este Guardián debe desintegrarse gradualmente y transmutarse en esencia pura. Sólo el hombre regenerado con sus vehículos purificados e invisibles puede pasarlo sin dificultad alguna. Mas después de que el neófito haya efectuado esta hazaña y haya sido admitido a los misterios, entonces llegará el tiempo cuando las tentaciones lo acosarán a todos lado. Que esto se impresione indeleblemente en la mente del neófito; cuando haya alcanzado este estado de liberación, cuando él haya aprendido a dejar a voluntad su cuerpo físico y pueda actuar conscientemente en los planos interiores, y si se ha afiliado a una hermandad como la Rosacruz, entonces se encuentra bajo la protección de los Hermanos Blancos; mas ¡ay del que permita que las tentaciones mundanas lo desvíen del sendero! Los Hermanos ya no serán responsables de él y entonces es abandonado para que aprenda solo sus lecciones. De aquí en adelante tendrá que luchar sólo contra las tentaciones, cuando peregrine en la selva psíquica donde las fieras del deseo y el egoísmo lo tentarán a que use para sus propios intereses personales los poderes que haya adquirido.

            Ahora bien, veamos qué son estas tentaciones. La tentación de mayor importancia en el sendero es el deseo de alcanzar más poder y más gloria. Esta tentación viene muy especialmente a aquéllos que buscan la oportunidad de presentarse ante otros como maestros o sabios conferenciantes. Siempre hay personas falsas buscando grupos o personas a quien halagar por un lado y criticar por otro, y el neófito no siempre es capaz de juzgarlos correctamente, no siempre goza de la perspicacia para comprender las intenciones o sonrisas de estas personas. Estas personas se emplean muy a menudo por los Sabios para probar la fuerza del neófito que sienta propensión hacia el egoísmo personal y así su anhelo de mayor poder a menudo ocasiona su fracaso.

            Otro peligro que confronta al neófito es el deseo de riquezas, lujos, y comodidades. A veces es tentado a usar del poder que ha desarrollado para influir sobre alguna persona rica, a la que halaga con sus atenciones para atraer generosos donativos.

            Otra tentación más es la de obtener por procedimientos indebidos más conocimiento de los mundos invisibles. Para hacer esto el neófito puede forzar su desarrollo por medios negativos (espiritismo, mediumnidad, invocaciones, etc.) e incluso por métodos que enseñan algunos “maestros” de ciertas escuelas como atajos para el desarrollo psíquico; son no obstante sumamente peligrosos y a menudo conducen a la magia negra, muy especialmente por el deseo de dominar las mentes de otros, y por el deseo de poderes espirituales para fines egoístas. El hombre no regenerado no se encuentra seguro nunca del ataque de las fieras del mundo de deseos. Únicamente cuando haya purificado sus deseos, únicamente cuando se constituya en un verdadero Parsifal, el hombre puro y sin malicia, podrá hollar ileso el sendero del desarrollo espiritual. Cuando el corazón henchido de amor es equilibrado por la mente, con el amor y la compasión como los factores dominantes de la vida, entonces tendrá la seguridad el neófito de usar de los poderes del espíritu para auxiliar y sanar a otros.
                                                                                 

                                                                       Señora Heindel

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