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martes, 28 de junio de 2016

EL MISTERIO INDISCUTIBLE




           
“Al que venciere yo le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más volverá a salir”. (Apocalipsis 3: 12)

            Estas palabras aparecen en el Apocalipsis, revelación del divino San Juan, y son de naturaleza profética. Su significado es muy claro y conciso, y en términos de la Filosofía Rosacruz, aquellos que han extraído de la existencia física el Cuerpo-Alma o Vehículo de Cristo, se convierten en sirvientes en Su Viña o Reino y no vuelven más al mundo material. Aquellos que no vencen, deben volver a la tierra por medio de la reencarnación, para hacer mejores progresos, teniendo así otra oportunidad para envolverse en el Traje Dorado de Bodas. He aquí una evidencia positiva de la REENCARNACIÓN, cuya doctrina o enseñanza es indispensable en nuestra aceptada evolución. El progreso depende del cambio de lo viejo por lo nuevo a medida que avanzamos, o sea una muerte para lo viejo y un nacimiento para lo nuevo, tanto en la forma como en la vida. La forma es una necesidad para la expresión de la vida que es eterna y en su evolución tiene que tener naturalmente, repetidas y mejores formas en su avance, de aquí que la muerte y el nacimiento resultan la verdad de: “Debes nacer de nuevo.” Cuando la forma ha cesado de existir para ser usada por el espíritu debe ser descartada y de ello resulta la muerte, y una nueva forma debe ser construida para que se adapte a un desarrollo ulterior, lo cual constituye el principio de la reencarnación. Esta es, por lo tanto, un indiscutible misterio en la evolución, porque la evolución es inconcebible sin la reencarnación y ésta se convierte en parte de nuestro concepto de la eternidad, que es una necesidad para aquello que fue, es y será.

            La reencarnación es en verdad factor indiscutible en la evolución porque el progreso es imposible sin ella; cubierta de misterio, aun compele a creer en ella. Para algunos, sin embargo, se presenta una dificultad en el hecho de que el hombre ha sido privado de la memoria de su elevada existencia espiritual por unas pocas encarnaciones. Esto fue hecho para hacer al hombre más consciente de la gran importancia de su vida física, porque si recordara sus vidas en los mundos superiores no daría mucha importancia a la existencia material y su vida aquí en la tierra sería de poco valor para él. Fácilmente podemos observar la sabiduría de este hecho cuando nos damos cuenta de que el hombre ha descendido al mundo físico para aprender todo lo que pueda sobre él mismo como parte de nuestra evolución y no teniendo conocimiento de nuestra existencia espiritual somos obligados a aplicarnos a la vida en la tierra. El ocultista sabe que la reencarnación es una verdad porque él ve al Ego y puede seguirlo después de la muerte hasta que reaparece en la tierra por medio de una nueva reencarnación.

            La Filosofía Rosacruz dice que el cuerpo denso del hombre era similar al mineral en la Época Polar, similar a la planta con un cuerpo vital en la Época Hiperbórea, similar al animal y con un cuerpo de deseos en la Época Lemúrica, como hombre y con una mente en la Época Atlante, y ahora desarrolla el tercero o más bajo aspecto de su triple espíritu, el Ego, en la presente Época Aria. Estos cambios a través de repetidas encarnaciones fueron hechos por el hombre en su estado inconsciente, pero hoy ha ganado CONSCIENCIA PROPIA ejercitando hasta cierto grado su propia voluntad individual capacitándose para desarrollar sus Poderes Divinos espirituales. Ahora es mayormente responsable de sus propias acciones y se halla bajo la Ley de Consecuencia produciendo efectos como resultado de causas. Esta ley trabajando en armonía con las estrellas trae al hombre al nacimiento cuando la posición de los cuerpos celestes del sistema solar dan las condiciones necesarias a su experiencia y adelanto en la escuela de la vida.

            Las Leyes de Renacimiento y Consecuencia fueron enseñadas secretamente en todos los tiempos pero no públicamente en el Mundo Occidental en los últimos dos mil años.

            La Jerarquía Creadora de Escorpio, los Señores de la Forma, tuvieron especial cuidado de los tres GÉRMENES de los cuerpos denso, vital y de deseos a medida que evolucionaban. Ellos, bajo la dirección de órdenes superiores, en verdad hicieron el principal trabajo en estos cuerpos, usando la vida evolucionante como una clase de instrumento. Ahora ellos tienen a su cargo el tercer aspecto del espíritu en el hombre: el espíritu humano, en el venidero Período Terrestre. De modo que tienen especial encargo de la evolución humana en el Período Terrestre.

            La estación de otoño se aproxima a la del invierno a medida que el Sol pasa por el signo de Escorpio, el secreto, de la muerte y de la regeneración o reencarnación. Este segundo signo de la Trinidad reproductora nos prepara para el renacimiento de Cristo en la Navidad mientras la Madre Tierra se envuelve en silencio y muerte por medio de temperaturas frías, pero que en la Resurrección (Semana Santa) nos despierta a una alegre primavera. El nacimiento y la muerte son necesarios uno al otro como polos opuestos de la manifestación de la vida. El secreto de la muerte es la preparación para el nacimiento. El principio de la reencarnación: APARECER DE NUEVO, está siempre ante nosotros. El Sol nace en la aurora y muere en la puesta solamente para aparecer de nuevo al día siguiente. Nuestra consciencia viene pon el despertar del sueño para morir más tarde cuando nos volvemos a dormir. Este principio de las actividades consciente e inconsciente opera en todos los planos en diferentes medidas. Por medio de la reencarnación cada sucesiva encarnación debe ser una mejoría de la anterior, si se gana conocimiento por medio de experiencias a medida que marchamos Adelante, Hacia arriba y Por siempre.

            Es el polo positivo del ígneo Marte el que trae la reencarnación al plano material en el mundo físico por medio de Aries, y es el polo negativo de ese planeta el que promueve la reencarnación en los planos espirituales por medio de Escorpio, anunciado por la muerte en el mundo físico. De este modo Marte es el Señor de la Reencarnación.

            Los procesos de la creación de generación en generación son el resultado de la actividad sexual bajo la administración de Marte. El sexo se manifiesta en todo como principios masculino y femenino y son siempre activos en el universo en los planos físico, mental y espiritual. Toda actividad resulta de la ATRACCIÓN y el sexo es el motivo poder detrás de la actividad. En el plano físico las actividades de los electrones, átomos y corpúsculos son puramente actividades sexuales. El plano mental tiene la mente objetiva y subjetiva del hombre y de la mujer, respectivamente en atracción sexual, mientras que en el plano espiritual existe la atracción de las esencias espirituales entre el Cuerpo Pituitario y la Glándula Pineal y la mística boda del yo inferior con el superior. La actividad sexual, la causa principal de la creación ha ganado para Marte el título de especial AYUDA PARA EL SOL, el Señor de la Creación.

            Ahora veamos lo que esta creencia en la reencarnación puede hacer para nosotros en nuestra vida en este plano físico. Primero revela el hecho de que el hombre siendo consciente de sí mismo y actuando de acuerdo con sus deseos se hace responsable de sus acciones. Estas acciones bajo la Ley de Consecuencia: el efecto resultante de la causa, ayuda a dar forma a su vida. El hombre aprende a saber que él recoge una buena recompensa por acciones correctas y penas y sufrimientos por errores cometidos. No puede escapar de estas consecuencias porque si no aparecen en la vida presente aparecerán en vidas venideras como “karma” para ser elaborado tal vez de un modo más difícil. De modo que el hombre tiene todo incentivo para convertirse en una mejor persona por medio de su vida evolucionante.

            La reencarnación respalda a la doctrina de la Resurrección, porque por medio de ella el aguijón de la muerte es eliminado y la victoria de la tumba es perdida, porque lo que ha desaparecido reaparecerá.

            La reencarnación revela la eternidad de la vida que agrega la alegría de vivir y las aspiraciones de éxito en la evolución porque los fracasos en esta vida pueden convertirse en victorias en vidas futuras por medio de repetidas oportunidades para vencer lo que tan fácilmente nos preocupa en el presente.

            Repetidas vidas de recto vivir y correcto pensar nos capacita para conocer de donde venimos, por qué estamos aquí y lo que el destino tiene en reserva para nosotros en materia de libertad de elección.

            La reencarnación revela la sabiduría de Dios, la justicia de Sus leyes, lo sagrado de la vida, y sobre todo, toda la grandeza de que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios.

            La creencia en la reencarnación no es nueva; ocurre en la antigua India, la encontramos en el Budismo, está en el Corán, es la autoridad final del Islam; es conocida por los Lamas en el Tíbet; enseñada por Pitágoras y desde los griegos hasta los primeros cristianos de la Iglesia. Es religiosa, filosófica y podemos agregar que es científica.

            En realidad no existe la muerte, lo que aparece como tal es solo una pérdida temporal de consciencia en un período de transición cuando pasamos de un rango más bajo a otro más alto en la escala de la evolución. Eliminando el temor a la muerte de nuestras vidas, por medio del conocimiento de la reencarnación, transmutación y transfiguración guían el curso de nuestras vidas hacia celestiales puertos de paz y amor, como el espíritu viaja hacia su Creador con la misión cumplida en lo mejor de su habilidad y en la alegría del Señor.


“Y cuando mi trabajo en la tierra esté hecho, Y comience mi nuevo trabajo en el cielo, Pueda olvidar la corona ganada, Mientras aun piense en los demás”
                                                           (Anónimo)

“De cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios”. (Juan 3:3)




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