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martes, 30 de agosto de 2016

LAS LLAVES DEL REINO. La glándula Pineal







El hombre posee dentro de su propio cuerpo las llaves del reino de los cielos. Estas siete llaves son las siete rosas en la cruz, o las siete glándulas endocrinas, a saber: la pineal, el cuerpo pituitario, la tiroides, la tymus, el bazo y las dos adrenales. Se da más importancia a las dos primeras que a las demás aún combinadas. ¿Puede ser que el hombre haya evolucionado hasta el grado en que ya esté capacitado para entrar en las disciplinas necesarias para la reactivación de estos dos centros y entonces, hasta ese final, su atención haya sido dirigida por esas Jerarquías Espirituales que saben mejor que el hombre, cuándo está capacitado?

            La fisiología define la glándula pineal como un órgano pequeño de una pulgada y media de largo; un tercio de ancho y un quinto de grueso y que pesa aproximadamente dos gramos. Se parece a un cono de pino en miniatura (de donde viene su apelación latina) está adherida por un pedúnculo hueco (la habénula), al cielo del tercer ventrículo del cerebro, justamente encima y detrás del cuerpo pituitario. Su estructura interna está compuesta de folículos que contienen células epiteliales y el acerbulus cerebri, mayor de tamaño en los niños que en los adultos, más grande todavía en las mujeres adultas que en los hombre adultos, esta glándula pineal es, bajo el punto de vista de la medicina moderna, un profundo misterio. La naturaleza no desperdicia nada; sin embargo, la ciencia médica no puede explicar el propósito y la función de la glándula pineal, excepto por titubeos, rodeos y terminología confusa.

            Los médicos mantienen que en los adultos y particularmente en la gente de edad avanzada, un tejido sólido y grasoso circunda esta glándula, pero que en el individuo aproximadamente menor de los 21 años, tal substancia no está presente. ¿Por qué?

            Los médicos dicen que si se elimina la glándula pineal, la persona muere. ¿Qué servicio presta entonces, que es de tanta importancia a la supervivencia del organismo? Los médicos creen que tiene algún efecto sobre el crecimiento del cuerpo; que de algún modo misterioso afecta las emociones y es un gobernante de las otras glándulas del organismo ¿Hasta qué grado?

            Estas son preguntas que la ciencia médica hace. Sin embargo, no encontrará respuestas materiales y parece, desgraciadamente, que las contestaciones de la otra naturaleza no las aceptan. Por lo tanto, debido a que la medicina no puede asignar una función positiva a la glándula pineal, se la llama un cuerpo atrofiado, un vestigio como el apéndice. Para ilustrar esto, la edición de la Enciclopedia Británica de 1945 dice que la glándula pineal es “el vestigio de un órgano que representa un aparato más altamente desarrollado en los tipos bajos de vertebrados y probablemente en ciertos reptiles extinguidos, tales como los Ictosaurios. Webster designa al vestigio como “una parte pequeña, degenerada o imperfecta de un órgano que ha sido desarrollado más ampliamente en los primeros pasos del individuo o en una generación pasada.” Sin embargo, tal atrofia, no es ciertamente el caso en la dicha glándula pineal. El hecho de que el corpus pineale tenga tal riqueza de provisión de sangre, indica a esas personas que piensan con más detenimiento que, lejos de ser el inútil vestigio de una parte, es, al contrario, un miembro muy activo de la cadena endocrina. La glándula pineal secreta una substancia llamada pinealina. Se dice que esta substancia actúa como “freno” para todas las otras glándulas del organismo que tienen secreción interna. Este freno o restringente, coarta la acción de las otras glándulas, de modo que el infante recién nacido puede dedicar su total energía al trabajo del crecimiento en tamaño que, en el niño, es lo más importante. De ese modo, durante los dos primeros años, el niño multiplica cuatro veces su peso original.

            Se ha dicho que la glándula pineal del niño es más grande que la de los adultos. Este es el punto más interesante. Hasta la edad de los siete años los niños son, naturalmente, más clarividentes que después. Con frecuencia ven cosas, seres invisibles para los adultos. Es también un hecho conocido que los niños son más sensitivos en la parte superior de la cabeza donde las suturas aún no se han juntado (cuya osificación no ocurre sino hasta los siete o nueve años) Incrustada, bajo esta apertura, tiene su asiento la glándula pineal circundada por un tejido que la conecta con la “pía mater”, exactamente el mismo tipo de substancia de la membrana que envuelve el cerebro y el cordón espinal. Reúnanse estos hechos con uno más: el hombre, durante la Época Polar, poseía un cuerpo denso que era parecido a un gran globo gelatinoso que no tenía sino un órgano que se proyectaba de una abertura en la parte superior. Conforme el ego del hombre evolucionante se unía más con su instrumento físico y los señores de la Forma le asistían en la Época Lemúrica del Período Terrestre en la construcción de su cuerpo de deseos, este órgano pineal se refugió en su presente localización y el contacto con los mundos internos se perdió. Así sucede con los niños. Conforme el Ego del niño habiendo descendido una vez mas al Mundo Físico, se encierra más en el cuerpo que ha formado, las suturas divididas en la parte superior de la cabeza, gradualmente se osifican y la clarividencia infantil se pierde.

            Por tanto, es obvio que la glándula pineal es de una vasta y más grande importancia que la que la concede la ciencia médica. Pero el poder de esta facultad superior no es para todos –todavía no– y el despertarlo antes de tiempo apropiado, es encontrar el desastre. Por consiguiente, los Grandes Seres, sabiendo que el hombre algún día llegaría de nuevo a alcanzar ese estado en el cual podía reclamar con razón su herencia, han perpetuado la memoria de la glándula pineal desde el tiempo en que se sumergió dentro de la cabeza, por medio de tales símbolos que sólo los investigadores de la sabiduría pueden reconocer. En cada país y en toda edad, la glándula pineal encuentra su símbolo en la religión y costumbres del pueblo. En China, por ejemplo, los cuerpos pineal y pituitario encuentran su representación dual en la Cabeza y la Cola del Dragón de Sabiduría. El Mandarín chino usa su pavón sobre la cabeza, en el punto debajo del cual se encuentra la glándula pineal; de igual modo el Indio Americano amara su pluma aproximadamente en el mismo lugar. En el folleto “La Anatomía Oculta del hombre” de Manly P. Hall escribe: “E. A. Walls Budge, encargado de las antigüedades Egipcias, en el Museo Británico, menciona en una de sus obras la costumbre egipcia de amarrarse conos de pino en la parte superior de la cabeza. Él dice que en los rollos de papiro se lee que estos conos son adheridos a las partes superiores de las cabezas de los muertos cuando se les lleva a la presencia de Osiris, el señor de la Tierra. Indudablemente, este símbolo se relaciona con la glándula pineal. Fue también costumbre de ciertas tribus africanas amarrarse pedazos de gordura en la región superior de las cabezas como una parte de sus ritos religiosos.

            El Tirso de Baco, ese cetro de los misterios Griegos, es un báculo largo, adornado en el extremo superior por un cono de pino y entretejido con yedra y hojas de parra. La filosofía oculta enseña que este cetro es símbolo del cordón espinal, el Nadis y plexo, la glándula pineal y el nervio pneumogástrico, relacionados todos de un modo íntimo con los misterios de la regeneración. Por consiguiente, vemos que el árbol del pino y su cono, han sido particularmente sagrados a través de las edades, el árbol que es símbolo y se venera como el emblema del salvador del Mundo y el cono, el símbolo fálico del órgano masculino o positivo de la generación (y la regeneración)

            Se ha dicho que antes que se desarrollaran los ojos, el hombre utilizaba la glándula pineal como un órgano de visión. Entonces, después del presente desarrollo de sus ojos, este corpus pineale continuó funcionando como un órgano suplementario que conecta al hombre con los mundos invisibles. Pero conforme creció el hombre, en aumento a las condiciones del Mundo Físico, a sus placeres y encantos, este ojo suplementario, el tercer ojo, se volvió correspondientemente menos activo hasta que su uso casi desapareció completamente y ahora puede de nuevo alcanzarse sólo por una persistente disciplina, un asunto del cual trataremos después. Llamado mucho tiempo “el tercer ojo” (posiblemente porque la glándula contiene ciertas células nerviosas que tienen un pigmento casi igual al que se encuentra en las células de la retina humana) se ha perpetuado por siglos por medio de muy variadas designaciones. Los Hindúes lo llaman el “Ojo de Dagma”, también lo relacionan con el “Ojo de Shiva” que se representa en una posición vertical en las frentes de sus diosas y dioses, para indicar la actividad  de su percepción espiritual. Para los budistas, la glándula pineal es “el Ojo que todo lo ve”, e igualmente lo simbolizan los Masones. Cristo lo llamó “el ojo simple” cuando dijo: “La antorcha del cuerpo es el ojo, pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente, más si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso” Lucas 11:34 Boheme lo llamó el “Ojo del Señor”, el cual, dijo él “mira todo”. En la Mitología Nórdica es el “Ojo de Odín” por cuyo medio obtenía todo el conocimiento. “Los Egipcios hablan de él como el “Ojo de Osiris que fue devorado por Tyfón”

            Astrológicamente, la glándula pineal está gobernada por Neptuno, representado el principio positivo o Voluntad. Por lo tanto, la posición y aspectos de Neptuno en el horóscopo natal, indican las capacidades físicas y espirituales gobernadas por la glándula pineal.

            Así la humanidad ha preservado para ella el misterio de la glándula pineal, ese órgano que de sí mismo no posee los siddhis o poderes, sino que es un instrumento por el cual el hombre vuelve a pasar a su propio hogar anterior. No es una tarea fácil cruzar el puente. Pues una vez que se posee, el hombre está destinado a manejarlos inegoístamente. Max Heindel dice que el iniciado “es capaz de extenderse en cualquier tiempo y en cualquier dirección y leer los pensamientos y planes de los demás” Y el gran peligro para la sociedad, que resultaría del uso sin discernimiento de este poder, si fuera poseído por un individuo sin merecerlo, es fácil comprenderlo. Él podría leer el pensamiento más recóndito. Por eso, el iniciado, queda ligado por el juramento más solemne de nunca usar este poder para servir su intereses individuales aún en el más mínimo grado ni tampoco evitarse por su medio la angustia o dolor”. En otras palabras, puede ejecutar milagros como los hizo Cristo Jesús, pero como Él, “puede salvar a los demás, pero no salvarse a sí mismo”.



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