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miércoles, 26 de octubre de 2016

ANÉCDOTAS ASTROLÓGICAS (Sobre Max Heindel)







DESDE EL ESCÉPTICO BURLÓN AL ARDIENTE DEFENSOR

            Es sorprendente como mucha gente desdeña aquello que no entiende. El escritor mismo no fue una excepción a esa regla respecto a la astrología, cuando ese tema fue presentado por primera vez a él hace ya algunos años mientras se encontraba todavía en la creencia ortodoxa y no tenía conocimiento de ninguna clase de ocultismo. Un amigo, quien vivía en la misma casa que el escritor, leyó un anuncio de un astrólogo, X así llamado, quien ofrecía decir la fortuna a quien lo quisiera por la magnífica suma de diez centavos. Nadie más elocuente en la denuncia de esta fraudulenta, supersticiosa y tonta predicción llamada astrología, que el que esto escribe. Porque era absurdo pensar que las estrellas tuvieran nada que ver con nosotros. Aún así, nuestro amigo mandó un dólar con diez nombres de personas, quienes estaban entonces presentes, y en el tiempo adecuado los así llamados horóscopos llegaron. Todavía recordamos el curioso sentimiento con el que abrimos el paquete y empezamos a leer el místico pergamino. Medio desafiantes, medio temerosos, pero seguros, muy seguros de que todo esto era una farsa y de que al leer ese horóscopo se confirmarían nuestras seguras afirmaciones. Pero entonces, dato tras dato, vimos que en ese bosquejo había verdad, y gradualmente, toda la sangre de nuestro cuerpo parecía que nos subía a la cabeza. ¿Podría haber algo realmente en toda esa tontería? Estábamos perplejos, y de alguna manera asustados de este pensamiento.

            Más tarde el resto de los amigos regresaron y cada uno tomó su horóscopo, algunos admitieron que había verdad en cierto grado, otros decían que no, pero ninguno pareció  profundamente impresionado. Luego, alguien preguntó al que había escrito: ¿Bueno, cómo resultó el tuyo? Y esto fue la peor parte de todo: el tener que admitir que después de toda nuestra burla, todo coincidía. Todos tenían curiosidad y deseaban saber las cosas, así que se las mostramos con cierta reticencia. Entonces alguien dijo:”pues esto no es tuyo del todo, porque pertenece a ése y a ése…” (Quienes no habían llegado aún) ¿Qué? Nuestro alivio fue realmente indescriptible; el otro horóscopo, así llamado, tratado por nosotros, fue producido y no encajaba del todo. Y naturalmente, volvimos a hablar más fuerte que antes acerca de esta  falacia, supersticiosa y tonta de la tal llamada ciencia astrológica. Habiendo atravesado por esta experiencia nosotros mismos, no nos admirábamos de que otros fueran escépticos cuando fueron confrontados con la idea de la influencia estelar, más aún cuando hay tanto charlatán y quienes desacreditan la sagrada ciencia por dinero, haciendo que la astrología tenga mala reputación.

EL USO Y EL ABUSO DE LA ASTROLOGÍA

            La astrología genética, es la ciencia de enjuiciantes eventos en la vida de una persona por la figura de los cielos erigida para la hora del nacimiento, es muchas veces degradada cuando es hecha sobre las bases de adivinar la fortuna. La astrología Horaria, que juzga la llegada de ciertos asuntos sobre una figura erigida cuando el tiempo del evento está maduro, o cuando una pregunta definitiva fue hecha a pesar de su anuncio, está muy cerca de la degradación de la sagrada ciencia; y uno que estudia y guía su vida de acuerdo a las horas planetarias, como lo hacen algunas personas, está ciertamente llevando las estrellas hacia los arroyos. Es una especie de crimen contra sí mismo consultar el horóscopo cada día, o hacer una figura horaria para cada movimiento que hacemos, o buscar la hora planetaria favorable en cada ocasión que lo deseemos. Hay veces, aún así, que es correcto usar la “lógica de las estrellas” para acertar la llegada de un evento. Cada uno deberá usar su propio juicio en el asunto, pues el abuso de la sagrada ciencia, traerá retribución como contravención de cualquier otra ley de la naturaleza. Veamos los siguientes casos, en que el escritor tiene y ha tenido algunos desaciertos, y es por esto que desea prevenir a otras personas no hacerlo únicamente porque “el Sr. Heindel lo hizo”.

CALLANDO A UN BURLÓN

            Una vez fuimos invitados a un paseo campestre, donde hubo una considerable discusión sobre asuntos de ocultismo, y desde luego el tema de la astrología no podría faltar. Un cierto Sr. X quien era director de una escuela de ocultismo, fue particularmente vehemente en su denuncia de la astrología, aunque él mismo admitía no conocer nada de ella, ni haber nunca estudiado nada sobre la materia. Esto nos sorprendió bastante, pues su actitud debía ser de amplio criterio, en virtud de su posición, estábamos en presencia de varias personas, intentando demostrarle que su posición era completamente indefendible, y sin efecto; él continuó burlándose. Unas cuantas semanas después, el que esto escribe, tuvo que ir a sus oficinas y fue recibido con una pregunta sarcástica pidiendo información acerca de unos bonos mineros en los cuales el Sr. X había invertido. ¿Ganadería o perdería?

            Varias personas estaban presentes y nos enfadó esta manera de interrogarnos, de modo que contestamos: “bueno Sr. X es como si tiráramos las estrellas al arroyo, cuando hacemos esta clase de preguntas, pero el fin justifica los medios. Su posición puede hacer mucha mala influencia a un considerable número de personas, y será de mucho beneficio dejar que usted sepa lo que dicen las estrellas. Así que tomando parte de nuestro tiempo asentamos que le dejaríamos saber los resultados de nuestra investigación en unos cuantos días. Habiendo realizado el horóscopo, encontramos que el dinero se iba a través de las manos de los directores de una manera tan rápida y también era manifiesto que no habría regreso, lo que hicimos constatar en un pequeño trozo de papel que enviamos al Sr. X, una semana después. Cuando ese señor hubo leído nuestro mensaje se rió a carcajadas, y dijo: “Sr. Heindel, usted no sabe nada acerca de este asunto, ni tampoco las estrellas. Yo tengo otro oráculo, y me dice que estos bonos son extremadamente buenos, que esto ha sido una buena inversión, y que puedo venderlos ahora por una gran ganancias, más de lo que pague por ellos”. Agregamos la declaración de que debía hacerlo por su propio interés cuando antes, pues su valor no sería por mucho tiempo, porque su desenvolvimiento probaría el acierto de las estrellas.

            Había otras personas presentes en esa ocasión, quienes habían invertido también en lo mismo, una dama había invertido todo lo que tenía, se asustó y vendió todos sus bonos, sacando una gran ganancia de ellos, pero el Sr. X los retuvo, diciendo que él no seria engañado con ese asunto de las estrellas. Una o dos semanas después, el escritor tuvo ocasión de visitar al Sr. X, nuevamente, quien lo recibió con una cara muy seria, diciendo que “hay indicaciones de que usted tenía razón Sr. Heindel”. Le dijimos que sabíamos que las estrellas decían la verdad, y que eventualmente nuestro juicio seria reivindicado. Unas pocas semanas después “la bomba explotó” y el Sr. X admitió: “parece como si las estrellas tuvieran razón, pero esto tal vez sea una coincidencia.” Esto es siempre la reacción del burlón, o del escéptico. Cuando algo sucede que no pueden explicarse, es cómodo tener la palabra “coincidencia” a la mano, para poder justificarse.

CONVENCIDO

            Algún tiempo más tarde tuvimos ocasión de visitar al Sr. X en su lugar de negocios. El entonces dijo: “Sr. Heindel, estoy muy ansioso respecto a cierto asunto. He sido ejecutor de una gran propiedad, y he sido administrador de la misma por ocho años. Durante ese tiempo he vendido un número de valiosas parcelas de tierra a gente privada, bancos e instituciones. Ahora se presenta un reclamante y deseo saber que hay detrás de él, y si ha hecho demanda. ¿Cómo saldrá todo esto? Aunque con repugnancia a degradar nuevamente la sagrada ciencia de las estrellas, sentimos que si este caballero pudiera ser convertido, haría un gran bien a la astrología debido a su posición, mirando nuestro reloj, nos fijamos en la hora, y le dijimos que más tarde le haríamos saber. Después de, por lo menos una semana, fuimos a su negocio con una carta diciendo que no había nada detrás de ese demandante en el presente momento, que ese caso sería inmediatamente sacado de la corte pero que sería de su interés arbitrar, pues era un hecho que había parcelas para ser reclamadas. Después podría esto salir al exterior y causar problemas y el juicio sería a la inversa en otra corte.

            Al llegar al lugar del Sr. X lo encontramos cerrado, pero sabiendo que raramente solía tardar, esperamos y llegó después de un rato. Entonces le tendimos la carta, la cual leyó, y luego dijo: Sr. Heindel, usted ha acertado, hasta donde yo sé. Yo fui llamado por la corte, debido a que esta demanda alcanza como cincuenta valiosos títulos y el juez quiere arreglarlos inmediatamente. Cuando llegué a la corte encontré que los abogados del demandante no tenían todavía apropiada autoridad y la corte por el momento no procesó el caso.

EL OTRO EXTREMO

            Unos cuantos meses más tarde entramos a la tienda del Sr. X, una noche de sábado y nos dijo las siguientes palabras: “He estado telefoneándole toda la tarde, el demandante ha vuelto y deseo saber cómo saldrán las cosas.” Inmediatamente revisamos nuestro reloj y le dijimos que se lo haríamos saber, pues vimos que la ocasión se ponía al rojo vivo y había oportunidad de lograr convertir al escéptico completamente. Preparando el horóscopo salió a la luz el hecho de que si el escritor hubiera entrado a la tienda a una hora antes de la que lo hizo, una cierta predicción, (vista desde la posición de la luna) podría no haber sido hecha. Este es uno de los más admirables hechos acerca de la Astrología Horaria. Este método de adivinación, tomando el tiempo que marca el reloj cuando una pregunta es hecha, cuando la pregunta alcanza su destino, el astrologo marca el tiempo en que las estrellas están listas para contestar. Hemos tenido cartas que llegan a nosotros retardadas por semanas y marcadas por las manchas de agua, habiendo sido sumergidas, o en accidentes de ferrocarril, etc. Algunas veces han sido detenidas y después enviadas, después de que el escritor había cambiado de domicilio, y aún así el escritor nunca ha fallado al tomar la hora cuando lee la pregunta para dar una contestación correcta, demostrando esto que aunque cualquier demora haya habido, ciertamente está la llegada del designio. Así también en ese caso, cuando entramos por la puerta del Sr. X el hecho revelado por la posición de la Luna en ese momento fue que la parte demandante había tenido conversaciones para un acuerdo con el Sr. X y sus consejeros, cuales habían rehusado.

            Esto lo admitió, entonces le dijimos que las estrellas del demandante estaban en el ascendente, que sus estrellas estaban en el descendente, y que este caso iría de un juez que les era favorable, a otro juez quien invertiría el juicio y le quitaría las propiedades, dándoselas al demandante. Algunos años pasaron y nosotros habíamos olvidado el caso, habíamos viajado a Alemania, escrito el Concepto Rosacruz del Cosmos, etc., pero cuando regresamos a la ciudad donde vivía el Sr. X algunos amigos mutuos nos dijeron que dicho Sr. X juraba que la astrología era una verdad absoluta en todos sus aspectos cuando era correctamente interpretada, y que sabía que el Sr. Heindel podía decir la verdad, y aseveraba que si el Sr. Heindel le decía que su casa sería destruida por un terremoto al siguiente día, se comprometía a venderla aunque solo obtuviera diez dólares por ella, porque sabía que tal suceso ocurriría.

            Así el cínico se convirtió en el más sincero seguidor de la astrología, y está ahora tan ansioso de convencer a la gente de la verdad de la misma como antes estuvo en desbaratarla cuando no la conocía.

                                                           Max Heindel

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