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viernes, 23 de junio de 2017

H P BLAVATSKY Y LA DOCTRINA SECRETA V






Hemos trazado la historia de “La Doctrina Secreta”, desde el tiempo cuando el
Maestro de H. P. B. le dio el plan, hasta que este fue impreso y dado al mundo. Ahora
estudiaremos el plan sobre el cual fue construido, y trataremos de dar una hojeada a las
enseñanzas contenidas en sus volúmenes.

Cuando contemplamos el rango de subtemas tratados en el interior de este trabajo,
un rango limitado solo por el universo, se hace aparente cuan fragmentado debió estar el
bosquejo. El contenido de “La Doctrina Secreta” no puede ser enseñado en una sola lectura,
ni siquiera en un ciento de lecturas, aunque el curso de la lectura fuera dado por el
exponente más conocedor. El trabajo es una mina rica en gemas invaluables de
conocimiento oculto. Perseverancia e intuición son el pico y la pala que utilizados
diligentemente nos permiten poseer estas gemas de gran precio. Una verdad descubierta por
nosotros mismos permanece con nosotros después de haber perdido una docena de otras
verdades que nos hayan sido explicadas por otros. Por lo tanto, si podemos ser inducidos a
profundizar en “La Doctrina Secreta” por nosotros mismos, nos beneficiaremos más que si
alguien nos explicara cada enseñanza contenida entre sus cubiertas.

Una lectura precipitada ocasionará disturbios en la mente, como antes de nosotros
los demonios y devas, Dhyan Chohans y Kumaras, yogas y ciclos, satires y faquires,
adeptos y alquimistas, manus y mónadas, en una continua sucesión de imágenes sucesorias.
Para ser de valor, “La Doctrina Secreta” debe ser estudiada. Así como Teseo, quien
entró al laberinto de Creta para pelear con el Minotauro, fue guiado fuera del laberinto por
el hilo de Ariadna, el estudiante debe fijar su mente en un tema, y adentrarse audazmente en
el laberinto para pelear con el Minotauro de la ignorancia. Si persiste y se aferra
firmemente al hilo dorado de la intuición, tendrá la seguridad de extraer la gema invaluable
del conocimiento del tema en cuestión, y por su trabajo lo habrá hecho parte de sí mismo,
una posesión que nunca perderá. En esta manera, él pasará días en la búsqueda de un punto
pequeño, pero cuando entienda ese punto, sabrá que el tiempo fue bien invertido. Cuando
finalmente, él haya extraído tanta información como le haya sido posible de “La Doctrina
Secreta”, almacenará en su mente una concepción de la verdad.
 
No puedo describir la gran alegría que sentí cuando visualicé una verdad, y cómo
medité en ella y admirado pude ver cómo concordaba en todas las filosofías en general.
Debe recordarse que el trabajo que estamos considerando no es en ninguna manera el todo
de la filosofía esotérica que poseen los Maestros de la Sabiduría, sino un pequeño
fragmento de sus doctrinas fundamentales. Las enseñanzas de “La Doctrina Secreta”,
aunque están fragmentadas e incompletas, no pertenece a las religión Hindú, Zoroastrismo,
Caldea o Egipcia; tampoco al Budismo, Islamismo, Judaísmo o Cristianismo
exclusivamente. El libro contiene la esencia de todos ellos. Originados de la misma fuente,
han sido fragmentados en estos volúmenes, en sus elementos originales, fuera de los cuales
cada misterio y dogma se ha desarrollado y materializado. El objetivo del trabajo es mostrar
que la Naturaleza no es una concurrencia fortuita de átomos, para asignar al hombre su
lugar correcto en el esquema del Universo, para rescatar de la degradación las verdades
arcáicas, que son las bases de toda religión, para descubrir hasta cierto grado la unidad
fundamental que ellos soltaron, y finalmente para mostrar que el lado oculto de la
Naturaleza nunca ha sido alcanzado por la ciencia de la civilización moderna.

Cuando un arquitecto comienza a construir un moderno rascacielos, primero prepara
un cimiento sólido, sobre el cual levanta las enormes vigas de acero para formar el
esqueleto del edificio. Este esqueleto es entonces cubierto con paredes y pisos de concreto
y otros materiales. Un sistema de tubos de vapor, como arterias, lleva calor a cada cuarto.
Su sistema nervioso es una intrincada red de cableado eléctrico y telefónico, mientras que
en el sótano palpita una máquina de vapor, haciendo que funcione un generador eléctrico.
El resultado es un conjunto orgánico pulsante con vida.

Un tanto similar es el proceso seguido por los Maestros de la Sabiduría, quienes
construyen la gigantesca estructura de conocimiento oculto que estamos considerando. Un
escritor Mohammedan dice: “En la asamblea del día de la resurrección, los pecados de
Kabak serán perdonados por el motivo de la Lujuria de las Iglesias Cristianas”. El profesor
Max Muller contestó: “Los pecados del Islam son tan faltos de valor como el polvo del
Cristianismo. En el día de la resurrección ambos, los islámicos y los cristianos, verán la
vanidad de sus doctrinas religiosas. Los hombres pelean por su religión en la tierra. En el
cielo descubrirán que solo hay una religión verdadera”. En otras palabras, No hay religión
más elevada que la Verdad. Sobre esta fundación de la verdad fue levantada, por los
Maestros de la Sabiduría de las Edades, el esqueleto de la estructura del “Libro de Dzyan”,
un manuscrito Senzar de gran antigüedad, en donde está recolectado todo lo que fue bueno
y malo en todas las religiones del mundo, cubierto por el conocimiento oculto, adornado
con antiguos símbolos y mitos. Estos fueron los más hermosos para ser privados de las
escalas del materialismo que por edades los han cubierto. El resultado es un apilamiento de
filosofía trascendente contenida en “La Doctrina Secreta”. Se puede preguntar: ¿Dónde
están las arterias de tubería de vapor, el sistema nervioso de cableado eléctrico, la máquina
de vapor y el generador eléctrico para vitalizar la construcción?. Los estudiantes deben
suplirlo consigo mismos haciéndolo parte de sí mismos, tomándolo para su propia vida. En
proporción, como ellos hagan esto será la vida que tengan para sí mismo, su medida y sus
límites que son su dedicación a sus ideales.

“La Doctrina Secreta” establece tres postulados fundamentales:
El primero es la existencia de un Principio omnipresente, eterno, infinito e
inmutable acerca del cual toda especulación es imposible, ya que trasciende el poder de la
concepción humana y sólo puede ser comparado por una expresión humana o similitud.
Está fuera del alcance del pensamiento y de toda expresión humana. Este ser Ser es
simbolizado en “La Doctrina Secreta” bajo dos aspectos: en un lado es el Espacio Abstracto
Absoluto, representación de subjetividad baja, la única cosa que ninguna mente humana
puede excluir de cualquier concepto o concebir por sí mismo.

El segundo es un Motivo Abstracto Absoluto, representando conciencia
incondicional. Este aspecto, es también nombrado como el Gran Aliento, la Realidad
Única. El Absoluto es el campo de la conciencia absoluta, o la esencia que está fuera de
toda relación con la existencia condicionada, y de la cual la conciencia de la existencia es
un símbolo condicional; pero una vez que pasamos en pensamiento de esta absoluta
negación (para nosotros), la dualidad ocurre inesperadamente en el contraste del Espíritu (o
la Conciencia) y Materia.

El Espíritu y la Materia tienen que ser vistos no como realidades independientes,
sino como símbolos o aspectos del Absoluto, que constituyen la base del ser condicionado,
ya sea subjetivo u objetivo. Considerando esta triada metafísica como la raíz de donde
procede toda manifestación, el Gran Aliento asume el carácter de la ideación precósmica.
Es la fuente de fuerza y de toda conciencia individual, y suple la Inteligencia, guía en el
vasto esquema evolutivo. Por otro lado, la sustancia raíz precósmica es el aspecto del
Absoluto que es la base de todos los planes objetivos de la naturaleza.

El universo manifestado es impregnado por la dualidad, la esencia más básica de su
existencia como Manifestación. Así como los polos opuestos de subjetividad y objetividad,
espíritu y materia, son solo los aspectos de la Única Unidad en que ellos están sintetizados,
de tal manera que en el universo manifestado hay una unión del espíritu a la materia,
subjetivo a objetivo. Este algo, como algo desconocido para la especulación del Oeste, es
llamado por los ocultista del Este “fohat”. Es el puente por el cual las ideas existentes en el
pensamiento divino son impresas en la sustancia cósmica.

Así que, del espíritu o de ideación cósmica viene nuestra conciencia; de la sustancia
cósmica vienen todos los vehículos en que esta conciencia es individualizada; esta sustancia
en sus variadas manifestaciones es la liga misteriosa entre la mente y la materia, el
principio que vivifica cada átomo.

El segundo postulado fundamental de “La Doctrina Secreta” es la existencia de la
eternidad en todo como un plano ilimitado, siendo periódicamente el espacio de los
innumerables universos que incesantemente se manifiestan y desaparecen. Este postulado
es la universalidad absoluta de la ley de la periodicidad, del flujo y el reflujo que la ciencia
física ha observado y registrado en todos los departamentos de la naturaleza. Una
alternación como la del día y la noche, caminar y dormir, vida y muerte, es de hecho tan
común, tan perfectamente universal y sin excepción, que es fácil de ver en ello una de las
leyes fundamentales del universo.

El tercero y último de los postulados fundamentales de “La Doctrina Secreta” es la
identidad fundamental de todas las almas con el Alma Universal, el último ser en sí mismo
un aspecto de la Raíz Desconocida; y el peregrinaje obligatorio de toda alma en cada ciclo
de la encarnación. Estas almas o chispas son los Hijos que habitan eternamente, desde el
principio de la era creativa en el regazo del Padre. Ellos existen para ser perfectos a través
de los sufrimientos. Cada alma es de verdad igual al Padre en lo que concierne a su
divinidad, pero inferiores al Padre en sus condiciones de humano, y cada uno entra en la
materia para rendir todas las cosas a sí mismo. El alma tiene que ser sembrada en debilidad
para que sea levantada en poder, para escapar de las limitaciones, de un Logos estático,
conteniendo todos los poderes divinos, omnisciente y omnipresente de su propio plano,
pero inconciente de los demás planos. Su gloria es velada en materia que enceguece el
alma, para que a través de la experiencia, el alma pueda llegar a ser omnisciente y
omnipresente en TODOS LOS PLANOS, respondiendo a todas las vibraciones divinas en
lugar de solo a las vibraciones de los planos más altos.

La doctrina giratoria de la sabiduría oculta, no admite dones especiales o
privilegiados en el hombre, a excepción de aquellos ganados solo por su alma a través de
largas series de reencarnaciones y metempsicosis.

Tales son las concepciones básicas en que “La Doctrina Secreta” se fundamenta. No
sería apropiado hacer una defensa o probar su inherente cordura, tampoco puedo detenerme
para mostrar cómo se contienen, demasiado a menudo bajo modo engañoso, en todos los
sistemas de pensamiento o de filosofía digna de renombre.

Una vez que el estudiante ha logrado una clara comprensión de ellas y percibe la luz
que emanan sobre cada problema en la vida, encuentra que no necesita una justificación.
La historia de la evolución cósmica como fue trazada en las Stanzas de Dzyan
puede mirarse como la fórmula algebraica abstracta de la evolución. Por lo tanto, el
estudiante no debe esperar encontrar un conteo de todas las etapas y transformaciones que
han ocurrido entre el inicio de la evolución universal y nuestra etapa actual. Dar un conteo
tal sería tan imposible como incomprensible para el hombre, quien no puede alcanzar a
comprender siquiera la naturaleza del plano próximo a su existencia. Por eso los Stanzas
dan una fórmula abstracta que puede ser aplicada a toda la evolución, a aquella de nuestra
pequeña tierra, a la de la cadena de planetas de la cual forma parte nuestra tierra, a la del
universo solar al cual pertenece la cadena, y así sucesivamente en la escala ascendente
hasta que la mente se enrede exhausta en su esfuerzo por comprender.
Los siete Stanzas del primer volumen representan los siete términos de la fórmula
abstracta a la que se refieren, y describen las siete grandes etapas del proceso evolutivo
mencionados en la filosofía Hindú como las siete creaciones, y en la Biblia como los días
de la creación.

Max Heindel

jueves, 25 de mayo de 2017

H. P. Blavatsky y la doctrina secreta IV




Una vez concedidos, los fenómenos eran necesarios en ese tiempo, ya que una vez presentados, era difícil liberarse de ellos una vez que habían servido a su propósito. Todos venían con la impaciencia de tener su curiosidad satisfecha, y si eran decepcionados, se iban encolerizados e indignados, listos a denunciar los fenómenos como un fraude. Entonces, en su ansiedad por el bienestar de la Sociedad, la pobre H. P. B. continuó su trabajo, a expensas de saber que estaba malgastando su vitalidad, dando casi de manera literal su sangre vital por el bienestar de la organización.
Después que la Sociedad fue bastante bien establecida, llegó la oportunidad de tener facilidades y comodidades para el resto de sus días. ¿Podemos imaginar qué significaba eso? Imaginemos a Madame Blavatsky en su pequeño apartamento con nada más que una recamara, que compartía con la Condesa Wachmeister. En ese oscuro y viejo pueblo alemán, ella era virtualmente una exiliada entre gente extraña. Aquí ella permanecía frente a su escritorio por doce a catorce horas al día, y a menudo era en las más improvisadas circunstancias. Entonces llegó la oferta del periódico. Ella podría escribir acerca de cualquier cosa que quisiera, y recibir un salario que la colocaría fuera de los límites del deseo, todo por dos horas al día de su tiempo. Aparentemente, solo habría requerido un pequeño sacrificio de su tiempo, pero H. P. B. sabía más. Sabía que no podría escribir para los periódicos y escribir “La Doctrina Secreta” también.
Sin temor alguno, ella escribió la carta declinando la oferta, y añadió otro sacrificio a la larga lista de los que había hecho en el altar de la Sociedad y la humanidad. De Wurzburg, Madame Blavatsky fue a Elberfield, donde estuvo con Madame Gebhard. Aquí parece que solo hizo un pequeño trabajo, si hizo alguno, en “La Doctrina Secreta”, debido al hecho de que se cayó y se torció su tobillo. Sus amigos, amablemente la atendieron, pero se recuperó muy lentamente. Su hermana y su sobrina fueron enviadas para cuidarla, y con ellas se fue a Ostend, desde donde escribió a la Condesa Wachmeister: “Sí, trataré de continuar una vez más con “La Doctrina Secreta”, pero es difícil. Estoy muy débil. Siento que soy desagradecida, ya que la gratitud siempre ha sido mostrada en la simbología antigua como residiendo en los talones de la gente, y habiendo perdido mis piernas, ¿cómo puedo esperar tener algo de ella?”. Después escribió: “Mis pobres piernas han dividido la sociedad con mi cuerpo. Ahora estoy como inválida como cualquier elemento puede ser, y no conozco una sola alma en Ostend; no hay una persona rusa solitaria solo yo, quién preferiría ser una turca y regresar a la India, pero no puedo, porque no tengo las dos piernas o reputación, de acuerdo a los cargos infames de The Society for Psychical Research”.
Pronto, después de eso, la Condesa Wachemeister otra vez acompañó a H. P. B. Ellas tenían visitantes de Inglaterra, Alemania y Francia ya que Ostend era fácilmente accesible desde dichos países. Madame Blavatsky escribió constantemente, que pensaba que su salud era escasa y frecuentemente se preocupaba, como se evidencia en el siguiente extracto de una de sus cartas en la que dice: “Porque las mentiras, hipocresía y el Jesuitismo reinan supremos en este mundo, y yo no estoy y no puedo estar, por lo que parezco condenada. Porque estoy cansada de la vida y la lucha con la Piedra de Sisyphus y el eterno trabajo de los Danaides, y no tengo permitido salir de esta miseria y descansar porque soy una de tantos sobre la tierra, estoy condenada”. Este estado mental fue probablemente ocasionado, principalmente por su salud tan extremadamente débil que pronto se convirtió en una crisis, cuando ella estaba afectada Max Heindel fuertemente con un problema del riñón. El doctor belga dijo que ella no podría vivir mucho tiempo más, y en su desesperación la Condesa telegrafió al doctor Ashton Ellis, uno de los miembros de las Sociedad Teosófica en Londres, quien inmediatamente vino a Ostend. Él no sostuvo una esperanza mayor que la del doctor belga. Ambos estaban de acuerdo que ellos nunca habían conocido a una persona que tuviera tan dañado el riñón y viviera tanto. Parecía como si “La Doctrina Secreta” no fuera a ser terminada, por lo menos no por H. P. B. Ansiosos y dolorosos estaban los corazones de aquellos que la rodeaban.
 La pena de la Condesa Wachmeister llegó a ser tan grande que se debilitó en gran manera. Ella se recuperó y continuó estando casi de manera constante al lado de la cama de la mujer enferma. Despertando cierta mañana después de una corta siesta, estaba sorprendida de ver a Madame Blavatsky sentada en la cama, mirándola tranquilamente. “¡Condesa, venga aquí!. La Condesa obedeció, preguntando: “¿Qué sucede H. P. B.?. Se mira diferente”. Ella replicó, “Sí. El Maestro ha estado aquí. Él me dio a elegir, morir y ser libre si pudiera o vivir y terminar “La Doctrina Secreta”. Él me dijo cuán grande serían mis sufrimientos, y que terrible tiempo tendría ante mí en Inglaterra (porque yo voy a ir allá) pero cuando pensé en aquellos a quienes yo estaría permitiendo enseñarles unas pocas cosas y de la Sociedad Teosófica, para quien he dado la sangre de mi corazón, acepté el sacrificio.” Ella entonces pidió algo de desayunar para sorpresa y alegría de sus amigos, se levantó y fue al comedor, donde luego recibió a un abogado y al Cónsul Americano, quienes habían llegado para supervisar que se cumpliera su voluntad.
Uno puede imaginar el cambio de expresión en sus caras cuando, en vez de estar ante la presencia de una mujer moribunda, encontraron a Madame Blavatsky sentada en su sillón con una apariencia de lo más saludable. Así una vez más el espectro de la muerte había sido alejado, y H. P. B. había tomado otra oportunidad en la vida. El siguiente visitante fue el Dr. Keightley y el Sr. Bertram Keightley de Londres, quienes insistían urgentemente con invitaciones a Madame Blavatsky a venir a Londres. Con esto, ella finalmente dio su consentimiento. La Condesa dejó Ostend para irse a Suiza, y poco después H. P. B. viajó a Londres, donde junto con los Keightley ocupó una pequeña cabaña llamada Maycot. Aquí el manuscrito de “La Doctrina Secreta” fue terminado. Este formaba una pila de tres pies de alto (.95 mts) cuando fue dado a los Keightley para su corrección de sintaxis, puntuación y deletreo. Los Keightley encontraron que este no había sido escrito de una manera consecutiva, y trazaron un plan para reacomodarlo el cual fue aprobado por Madame Blavatsky. El manuscrito entero fue entonces escrito a máquina. Justo antes de que este trabajo se terminara, H. P. B. y sus amigos se mudaron al 17 Lansdowne Road, Nothing Hill, Londres, donde ellos se reunieron con la Condesa Wachmeister y otros, y se estableció el primer cuartel general. Este estaba primero arreglado para publicar “La Doctrina Secreta” por el Sr. George Redway, quien estaba publicando “Lucifer”, la revista que había sido fundada poco antes por H. P. B., y que desde entonces había sido llamada “La Revista Teosófica”, pero como su propuesta no fue financieramente satisfactoria, un amigo de Madame Blavatsky ofreció en dar el dinero, abriéndose una oficina en Duke Street, Londres, siendo el principal Max Heindel objetivo el permitir a la Sociedad Teosófica el obtener beneficios de sus escritos.
 De la historia posterior del escrito de “La Doctrina Secreta” hay muy poco que decir, aparte de que fueron necesarios muchos meses de trabajo duro antes de que finalmente estuviera listo para la imprenta. H. P. B. leyó y corrigió dos juegos de prueba de segundas, un juego de páginas de prueba y finalmente una revisión de hojas de corrección, alterando y añadiendo hasta el final, con resultado de que solo el pago a los impresores por correcciones fue de $ 1,500 dólares. Tal es la historia de “La Doctrina Secreta”, una historia en que, como el libro en sí mismo, es ridiculizada por la mayoría de la gente, no obstante su autentificación por parte de muchas personas con vidas libres de culpa y de razonamiento saludable. Como en el caso de Copérnico y otros, algún día el mundo despertará y encontrará que esta mujer tan sabia estaba en lo correcto. ¿Será un monumento levantado para ella? ¿Quién lo sabe?. Si esto ocurrirá o no, el hecho permanece que en “La Doctrina Secreta” en sí misma y en el afecto con el cual el autor es estimado por cada estudiante que ha sido ayudado por ella es un monumento más duradero que el mármol o el bronce. Aunque los Maestros fueron los autores actuales del trabajo, no debemos olvidar que fue el celo y la dedicación de H. P. B. que tan excelentemente calificó como un instrumento para su uso; y sin ese celo y dedicación, hoy no poseeríamos tan grande y moderno trabajo de ocultismo, “La Doctrina Secreta”.

Max Heindel

lunes, 24 de abril de 2017

H.P. BLAVATSKY Y LA DOCTRINA SECRETA III






Cerca de diciembre de 1886, el coronel Olcott recibió el primer volumen de “La
Doctrina Secreta” para su revisión por T. Subba Row y por él mismo, pero el Sr. Row se
negó a hacer más que leerlo, argumentando que si él tocaba ese libro tendría que rescribirlo,
porque estaba lleno de errores. Esta actitud era puro resentimiento, pero tenía su efecto,
para cuando su observación fue reportada a H. P. B., ella estaba sumamente afligida. Ella
se dio a la tarea de revisar el manuscrito cuidadosamente, corrigiendo muchos errores
debido a los desaliñados métodos literarios, y con la ayuda de amigos, especialmente
Bertram y Archibald Keightley, lograron tener el libro listo para su primera publicación.
Ella estaba siempre deseosa de eliminar sus errores, y estuvo siempre lista para
corregirlos. Los errores ocurrieron especialmente debido a que los escritos no le fueron
dictados físicamente por su Maestro. Frecuentemente ella era capaz de destruir
despiadadamente páginas imperfectas. A menudo, con una palabra del Maestro, ella podía
consignar a las flamas montones de manuscritos laboriosamente preparados y copiados,
ante la aflicción intensa de sus amigos. La condesa Wachmeister relató que un día cuando
ella entró al cuarto donde Madame Blavatsky escribía encontró manuscritos desechados
esparcidos por el suelo. A su pregunta acerca de esto, H. P. B. contestó, “¡Sí, yo he tratado
veinte veces de escribir esta página correctamente y cada vez el Maestro dice que está mal!
Creo que me volveré loca escribiéndolo tan a menudo. Mejor déjame sola, no pararé hasta
que lo haya hecho bien, incluso si me toma toda la noche”. La condesa le llevó una taza de
café para refrescarla, dejándola a su pesar, con su agotadora tarea.
Una hora después Madame Blavatsky la llamó y le dijo que la tarea había sido
finalizada. La labor había sido prodigiosa y el resultado pequeño, como era a menudo
cuando ella se fastidiaba. Esta es la respuesta aparente que ella le dio a la pregunta de la
condesa acerca de cómo ella podía cometer errores al transcribir lo que se le mostraba. Ella
replicó, “Bueno, verás, es como esto. Yo hago lo que solo puedo describir como una
especie de vacío en el aire delante de mí, y fijo mi vista y mi voluntad atentamente en ello,
y pronto escena tras escena pasa delante de mí, como la secuencia de una película; o, si
necesito una referencia, como información de algún libro, fijo mi mente intensamente, y la
contraparte astral del libro aparece y tomo de él lo que necesito. Mientras menos
distracción tenga en mi mente, más fácilmente puedo hacer esto, pero después de la carta
molesta que tuve esta mañana no podía concentrarme apropiadamente, y cada vez que
intentaba, lo que escribía nuevamente estaba mal. Sin embargo, ya está todo bien, dijo el
Maestro”.
H. P. B. a menudo preguntaba a sus amigos en varias partes del mundo para
verificar citas de libros que pudieran ser encontrados en bibliotecas donde sus amigos
residían. Así, ella necesitó una verificación de una cita de un libro del cual solo una copia
existía y esta estaba en la biblioteca del Vaticano. En otra ocasión, le solicitó a un amigo en
Londres que verificara un pasaje de un documento, del cual solo había una copia y se
encontraba en el Museo Británico. Es necesario hacer notar, que ella solo requería una
VERIFICACIÓN. Ella ya tenía el material.
Madame Blavatsky declaraba que ella era solo la boca de los Maestros, escribiendo,
hablando y actuando, dirigida por ellos. Esta declaración ha sido ridiculizada y ella misma
catalogada de arrogante e impostora. Sin embargo, hay ciertos hechos incontrovertibles
para ser tomados en consideración por aquellos que desean formarse una opinión justa y
libre de prejuicios. Cuando ella escribió “La Doctrina Secreta” tenía a su alrededor un
puñado de libros ordinarios, de cuyas fuentes hubiera podido obtener casi nada de ayuda.
No podemos en esta manera restar importancia al extraordinario y prodigioso conocimiento
manifestado en “La Doctrina Secreta”. La mayor parte del tiempo en que el trabajo fue
escrito, ella estaba a cientos de millas de cualquier biblioteca. Hubiera sido capaz
financieramente hablando de viajar de biblioteca en biblioteca siendo incapaz físicamente
de buscar las citas de las cuales es acusada por plagio. Nunca dijo que ella descubrió el
conocimiento que le dio al mundo. Sus argumentos fueron que este vino del remoto pasado,
que está en cada escritura y en cada filosofía.
El propósito de “La Doctrina Secreta” es citar de cada escritura de cada religión, de
las escrituras de cada gente, en orden para mostrar la identidad de las enseñanzas y probar
la antigüedad del material. Lo que es nuevo en el libro no descansa en la NATURALEZA
de sus ideas o hechos, ya que estos pueden ser encontrados dispersos entre los trabajos de
varios Orientalistas y en los numerosos libros sagrados que han existido desde mucho
tiempo atrás. Lo que es nuevo es la selección por H. P. B. de todas las fuentes de hechos
que juntos forman un concepto singular muy poderoso del concepto de la evolución del
universo y el hombre, la síntesis coherente de la cosmogonía completa. Ella califica como
la más grande Maestra del tiempo porque ella tuvo conocimiento real y no aprendido de
libros. Ella tuvo eso que le permitió ensamblar de muchos libros en muchos lugares las
verdades que puestas juntas, hicieron un gran todo. Ella mantuvo una guía tangible que fue
capaz de seguir con precisión inequívoca a través del laberinto, y mostrar que cada
individuo material sostuvo en sí mismo la posibilidad de convertirse en un edificio
individual.
Su trabajo es el más extraordinario porque ella lo hizo sin ser una escolar, sin haber
tenido la educación que la hubiera preparado hasta cierto punto para colocar juntas las
piezas de este conocimiento; porque ella hizo lo que ninguno de los Orientalistas han hecho
con todo su conocimiento, lo que ninguno de ellos juntos han hecho con todo el
conocimiento de las lenguas del Este y su estudio de la literatura del Este. Ninguno de ellos
fuera de tal mezcla de material fue capaz de sintetizar tal trabajo importante. Ninguno de
ellos fuera de ese caos fue capaz de construir un cosmos, pero esta mujer Rusa con poca
educación lo hizo. Ella no fue una estudiada y no pretendió ser una, en alguna parte obtuvo
un conocimiento que le permitió hacer lo que nadie más, estudiado o socialista, ha hecho.
En algún lugar ella recibió lo que le hizo posible transformar el caos en orden y producir un
trabajo que nos transmite un entendimiento del universo y el hombre. Lo que ella dijo no
fue de ella. Ella frecuentemente hablaba de su propio conocimiento acumulado, y se refería
a AQUELLOS quienes le enseñaban. Esto nos trae a otra parte de los ataques hechos a
Madame Blavatsky, o mejor dicho a sus Maestros, de quienes su existencia es considerada
un mito. El aprendizaje y la habilidad que ella misma niega no fueron desafiados por sus
enemigos. Ellos decían algunas veces, que su conocimiento es pobremente asimilado, que
su material está mal arreglado, que sus escritos son confusos, implicando, una
contradicción en sí misma. Sin embargo, es admitido sin problemas, que ella poseía un
fundamento extraordinario del conocimiento variado concerniente a asuntos ocultos y de
filosofías oscuras. Si ella fue un fraude, ¿por qué fue tan tonta como para inventar Maestros
imaginarios?. ¿Por qué debió hacerlos padres de sus conocimientos, y convertirse así en
objeto de abuso y burlas, mientras debió haber ganado estima, por no decir nada del dinero,
simplemente dándose el crédito a sí misma?. ¿Puede algo ser más absurdo que imaginar a
una mujer rusa de familia noble, casada con un oficial de alto rango, que salga al mundo en
una caza salvaje inútil detrás de sus Maestros imaginarios, y una vez que ha adquirido una
inmensa cantidad de conocimiento oculto a un gran costo y con gran sufrimiento, arrojar de
sí el crédito que se merecía, y dárselo a personas que no existen, encarando burlas, abuso y
calumnias, en vez de utilizarlo con el sentido común; de ser pobre y despreciada cuando
ella debió haber tenido prosperidad y honores?. Mirando desde cualquier punto razonable,
la única conclusión defendible es que H. P. B. dijo la verdad cuando afirmó que su
conocimiento fue recibido a través de los Maestros de la Sabiduría.
Un hecho curioso en conexión con imágenes de libros como fueron vistos en la luz
astral, es que el texto algunas veces aparecía invertido como si estuviera sostenido frente a
un espejo. Con un poco de práctica se volvió fácil de leer las palabras, mientras que el
contexto y el sentido común previenen errores, pero leer figuras correctamente es más
difícil. Algunas veces Madame Blavatsky olvidó re-invertirlas, ocasionando dificultades y
molestias para ella misma y los demás. Por ejemplo, si ella escribió a un amigo pidiéndole
verificar un texto de la página 341 de cierto libro, la respuesta podía ser que el pasaje no
podía ser encontrado ahí, o que no había tantas páginas en el libro. Volviendo a revisar sus
apuntes, se encontraba de manera segura, que H.P.B había olvidado re-invertir los números.
Es decir, retomando el ejemplo, la página debió ser 143 en vez de 341. Después de un
tiempo, sus corresponsales descubrieron esto, y fácilmente corregían los errores ellos
mismos.
Otra circunstancia significativa en conexión con el escrito de “La Doctrina Secreta”,
fue que siempre que Madame Blavatsky quería información definida de cierto tema, era
seguro que la encontraría de alguna manera, ya sea por medio de la carta de un amigo, en
un periódico o una revista, o en la lectura casual de libros. Esto sucedía con tanta frecuencia
y tan bien definido que no sería posible explicarlo como simple coincidencia. Siempre que
era posible, ella utilizaba significados comunes, para así no agotar sus poderes. En los
primeros días de la Sociedad, ella no fue prudente en esto, sintiendo después los efectos.
Un día, vino una tentación por medio de la oferta de un gran salario por todo un año,
si escribía para los periódicos rusos. Ella podría escribir de cualquier tema que eligiera,
incluyendo el ocultismo. Era la promesa de comodidad y facilidad para el resto de sus días.
Dos horas al día habrían sido suficientes para satisfacer ampliamente todas las demandas en
su tiempo. Pero ella dijo, “Para escribir un trabajo como “La Doctrina Secreta” debo tener
todos mis pensamientos en esa dirección, para mantenerme en contacto con la corriente. Ya
es lo suficientemente difícil, obstaculizada como estoy con esta enfermedad y este cuerpo
viejo, y sería imposible cambiar la corriente de atrás hacia delante de “La Doctrina Secreta”
a la escritura del periódico. Ya no tengo mucha energía remanente en mí. Mucha de ella
fue gastada in realizar fenómenos”. Cuando se le preguntó por qué hacía estas cosas cuando
ella debía haber sabido que estaba desperdiciando su fuerza y hubiera sido mucho mejor si
los fenómenos no se hubieran conectado con su trabajo, ella contesto, “Porque la gente
continuamente estuvo insistiéndome. Siempre era, “Oh, materialice esto”, o “Déjeme
escuchar esos sonidos astrales” y así por el estilo, y no me gustaba desilusionar a la gente,
así que accedía a sus solicitudes. Ahora tengo que sufrirlo, y por otra parte, en el tiempo
que la Sociedad inició era necesario atraer la atención de la gente, y los fenómenos hicieron
esto mas efectivo que cualquier otra cosa que se hubiera hecho”.

Max Heindel