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lunes, 24 de abril de 2017

H.P. BLAVATSKY Y LA DOCTRINA SECRETA III






Cerca de diciembre de 1886, el coronel Olcott recibió el primer volumen de “La
Doctrina Secreta” para su revisión por T. Subba Row y por él mismo, pero el Sr. Row se
negó a hacer más que leerlo, argumentando que si él tocaba ese libro tendría que rescribirlo,
porque estaba lleno de errores. Esta actitud era puro resentimiento, pero tenía su efecto,
para cuando su observación fue reportada a H. P. B., ella estaba sumamente afligida. Ella
se dio a la tarea de revisar el manuscrito cuidadosamente, corrigiendo muchos errores
debido a los desaliñados métodos literarios, y con la ayuda de amigos, especialmente
Bertram y Archibald Keightley, lograron tener el libro listo para su primera publicación.
Ella estaba siempre deseosa de eliminar sus errores, y estuvo siempre lista para
corregirlos. Los errores ocurrieron especialmente debido a que los escritos no le fueron
dictados físicamente por su Maestro. Frecuentemente ella era capaz de destruir
despiadadamente páginas imperfectas. A menudo, con una palabra del Maestro, ella podía
consignar a las flamas montones de manuscritos laboriosamente preparados y copiados,
ante la aflicción intensa de sus amigos. La condesa Wachmeister relató que un día cuando
ella entró al cuarto donde Madame Blavatsky escribía encontró manuscritos desechados
esparcidos por el suelo. A su pregunta acerca de esto, H. P. B. contestó, “¡Sí, yo he tratado
veinte veces de escribir esta página correctamente y cada vez el Maestro dice que está mal!
Creo que me volveré loca escribiéndolo tan a menudo. Mejor déjame sola, no pararé hasta
que lo haya hecho bien, incluso si me toma toda la noche”. La condesa le llevó una taza de
café para refrescarla, dejándola a su pesar, con su agotadora tarea.
Una hora después Madame Blavatsky la llamó y le dijo que la tarea había sido
finalizada. La labor había sido prodigiosa y el resultado pequeño, como era a menudo
cuando ella se fastidiaba. Esta es la respuesta aparente que ella le dio a la pregunta de la
condesa acerca de cómo ella podía cometer errores al transcribir lo que se le mostraba. Ella
replicó, “Bueno, verás, es como esto. Yo hago lo que solo puedo describir como una
especie de vacío en el aire delante de mí, y fijo mi vista y mi voluntad atentamente en ello,
y pronto escena tras escena pasa delante de mí, como la secuencia de una película; o, si
necesito una referencia, como información de algún libro, fijo mi mente intensamente, y la
contraparte astral del libro aparece y tomo de él lo que necesito. Mientras menos
distracción tenga en mi mente, más fácilmente puedo hacer esto, pero después de la carta
molesta que tuve esta mañana no podía concentrarme apropiadamente, y cada vez que
intentaba, lo que escribía nuevamente estaba mal. Sin embargo, ya está todo bien, dijo el
Maestro”.
H. P. B. a menudo preguntaba a sus amigos en varias partes del mundo para
verificar citas de libros que pudieran ser encontrados en bibliotecas donde sus amigos
residían. Así, ella necesitó una verificación de una cita de un libro del cual solo una copia
existía y esta estaba en la biblioteca del Vaticano. En otra ocasión, le solicitó a un amigo en
Londres que verificara un pasaje de un documento, del cual solo había una copia y se
encontraba en el Museo Británico. Es necesario hacer notar, que ella solo requería una
VERIFICACIÓN. Ella ya tenía el material.
Madame Blavatsky declaraba que ella era solo la boca de los Maestros, escribiendo,
hablando y actuando, dirigida por ellos. Esta declaración ha sido ridiculizada y ella misma
catalogada de arrogante e impostora. Sin embargo, hay ciertos hechos incontrovertibles
para ser tomados en consideración por aquellos que desean formarse una opinión justa y
libre de prejuicios. Cuando ella escribió “La Doctrina Secreta” tenía a su alrededor un
puñado de libros ordinarios, de cuyas fuentes hubiera podido obtener casi nada de ayuda.
No podemos en esta manera restar importancia al extraordinario y prodigioso conocimiento
manifestado en “La Doctrina Secreta”. La mayor parte del tiempo en que el trabajo fue
escrito, ella estaba a cientos de millas de cualquier biblioteca. Hubiera sido capaz
financieramente hablando de viajar de biblioteca en biblioteca siendo incapaz físicamente
de buscar las citas de las cuales es acusada por plagio. Nunca dijo que ella descubrió el
conocimiento que le dio al mundo. Sus argumentos fueron que este vino del remoto pasado,
que está en cada escritura y en cada filosofía.
El propósito de “La Doctrina Secreta” es citar de cada escritura de cada religión, de
las escrituras de cada gente, en orden para mostrar la identidad de las enseñanzas y probar
la antigüedad del material. Lo que es nuevo en el libro no descansa en la NATURALEZA
de sus ideas o hechos, ya que estos pueden ser encontrados dispersos entre los trabajos de
varios Orientalistas y en los numerosos libros sagrados que han existido desde mucho
tiempo atrás. Lo que es nuevo es la selección por H. P. B. de todas las fuentes de hechos
que juntos forman un concepto singular muy poderoso del concepto de la evolución del
universo y el hombre, la síntesis coherente de la cosmogonía completa. Ella califica como
la más grande Maestra del tiempo porque ella tuvo conocimiento real y no aprendido de
libros. Ella tuvo eso que le permitió ensamblar de muchos libros en muchos lugares las
verdades que puestas juntas, hicieron un gran todo. Ella mantuvo una guía tangible que fue
capaz de seguir con precisión inequívoca a través del laberinto, y mostrar que cada
individuo material sostuvo en sí mismo la posibilidad de convertirse en un edificio
individual.
Su trabajo es el más extraordinario porque ella lo hizo sin ser una escolar, sin haber
tenido la educación que la hubiera preparado hasta cierto punto para colocar juntas las
piezas de este conocimiento; porque ella hizo lo que ninguno de los Orientalistas han hecho
con todo su conocimiento, lo que ninguno de ellos juntos han hecho con todo el
conocimiento de las lenguas del Este y su estudio de la literatura del Este. Ninguno de ellos
fuera de tal mezcla de material fue capaz de sintetizar tal trabajo importante. Ninguno de
ellos fuera de ese caos fue capaz de construir un cosmos, pero esta mujer Rusa con poca
educación lo hizo. Ella no fue una estudiada y no pretendió ser una, en alguna parte obtuvo
un conocimiento que le permitió hacer lo que nadie más, estudiado o socialista, ha hecho.
En algún lugar ella recibió lo que le hizo posible transformar el caos en orden y producir un
trabajo que nos transmite un entendimiento del universo y el hombre. Lo que ella dijo no
fue de ella. Ella frecuentemente hablaba de su propio conocimiento acumulado, y se refería
a AQUELLOS quienes le enseñaban. Esto nos trae a otra parte de los ataques hechos a
Madame Blavatsky, o mejor dicho a sus Maestros, de quienes su existencia es considerada
un mito. El aprendizaje y la habilidad que ella misma niega no fueron desafiados por sus
enemigos. Ellos decían algunas veces, que su conocimiento es pobremente asimilado, que
su material está mal arreglado, que sus escritos son confusos, implicando, una
contradicción en sí misma. Sin embargo, es admitido sin problemas, que ella poseía un
fundamento extraordinario del conocimiento variado concerniente a asuntos ocultos y de
filosofías oscuras. Si ella fue un fraude, ¿por qué fue tan tonta como para inventar Maestros
imaginarios?. ¿Por qué debió hacerlos padres de sus conocimientos, y convertirse así en
objeto de abuso y burlas, mientras debió haber ganado estima, por no decir nada del dinero,
simplemente dándose el crédito a sí misma?. ¿Puede algo ser más absurdo que imaginar a
una mujer rusa de familia noble, casada con un oficial de alto rango, que salga al mundo en
una caza salvaje inútil detrás de sus Maestros imaginarios, y una vez que ha adquirido una
inmensa cantidad de conocimiento oculto a un gran costo y con gran sufrimiento, arrojar de
sí el crédito que se merecía, y dárselo a personas que no existen, encarando burlas, abuso y
calumnias, en vez de utilizarlo con el sentido común; de ser pobre y despreciada cuando
ella debió haber tenido prosperidad y honores?. Mirando desde cualquier punto razonable,
la única conclusión defendible es que H. P. B. dijo la verdad cuando afirmó que su
conocimiento fue recibido a través de los Maestros de la Sabiduría.
Un hecho curioso en conexión con imágenes de libros como fueron vistos en la luz
astral, es que el texto algunas veces aparecía invertido como si estuviera sostenido frente a
un espejo. Con un poco de práctica se volvió fácil de leer las palabras, mientras que el
contexto y el sentido común previenen errores, pero leer figuras correctamente es más
difícil. Algunas veces Madame Blavatsky olvidó re-invertirlas, ocasionando dificultades y
molestias para ella misma y los demás. Por ejemplo, si ella escribió a un amigo pidiéndole
verificar un texto de la página 341 de cierto libro, la respuesta podía ser que el pasaje no
podía ser encontrado ahí, o que no había tantas páginas en el libro. Volviendo a revisar sus
apuntes, se encontraba de manera segura, que H.P.B había olvidado re-invertir los números.
Es decir, retomando el ejemplo, la página debió ser 143 en vez de 341. Después de un
tiempo, sus corresponsales descubrieron esto, y fácilmente corregían los errores ellos
mismos.
Otra circunstancia significativa en conexión con el escrito de “La Doctrina Secreta”,
fue que siempre que Madame Blavatsky quería información definida de cierto tema, era
seguro que la encontraría de alguna manera, ya sea por medio de la carta de un amigo, en
un periódico o una revista, o en la lectura casual de libros. Esto sucedía con tanta frecuencia
y tan bien definido que no sería posible explicarlo como simple coincidencia. Siempre que
era posible, ella utilizaba significados comunes, para así no agotar sus poderes. En los
primeros días de la Sociedad, ella no fue prudente en esto, sintiendo después los efectos.
Un día, vino una tentación por medio de la oferta de un gran salario por todo un año,
si escribía para los periódicos rusos. Ella podría escribir de cualquier tema que eligiera,
incluyendo el ocultismo. Era la promesa de comodidad y facilidad para el resto de sus días.
Dos horas al día habrían sido suficientes para satisfacer ampliamente todas las demandas en
su tiempo. Pero ella dijo, “Para escribir un trabajo como “La Doctrina Secreta” debo tener
todos mis pensamientos en esa dirección, para mantenerme en contacto con la corriente. Ya
es lo suficientemente difícil, obstaculizada como estoy con esta enfermedad y este cuerpo
viejo, y sería imposible cambiar la corriente de atrás hacia delante de “La Doctrina Secreta”
a la escritura del periódico. Ya no tengo mucha energía remanente en mí. Mucha de ella
fue gastada in realizar fenómenos”. Cuando se le preguntó por qué hacía estas cosas cuando
ella debía haber sabido que estaba desperdiciando su fuerza y hubiera sido mucho mejor si
los fenómenos no se hubieran conectado con su trabajo, ella contesto, “Porque la gente
continuamente estuvo insistiéndome. Siempre era, “Oh, materialice esto”, o “Déjeme
escuchar esos sonidos astrales” y así por el estilo, y no me gustaba desilusionar a la gente,
así que accedía a sus solicitudes. Ahora tengo que sufrirlo, y por otra parte, en el tiempo
que la Sociedad inició era necesario atraer la atención de la gente, y los fenómenos hicieron
esto mas efectivo que cualquier otra cosa que se hubiera hecho”.

Max Heindel

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