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viernes, 23 de junio de 2017

H P BLAVATSKY Y LA DOCTRINA SECRETA V






Hemos trazado la historia de “La Doctrina Secreta”, desde el tiempo cuando el
Maestro de H. P. B. le dio el plan, hasta que este fue impreso y dado al mundo. Ahora
estudiaremos el plan sobre el cual fue construido, y trataremos de dar una hojeada a las
enseñanzas contenidas en sus volúmenes.

Cuando contemplamos el rango de subtemas tratados en el interior de este trabajo,
un rango limitado solo por el universo, se hace aparente cuan fragmentado debió estar el
bosquejo. El contenido de “La Doctrina Secreta” no puede ser enseñado en una sola lectura,
ni siquiera en un ciento de lecturas, aunque el curso de la lectura fuera dado por el
exponente más conocedor. El trabajo es una mina rica en gemas invaluables de
conocimiento oculto. Perseverancia e intuición son el pico y la pala que utilizados
diligentemente nos permiten poseer estas gemas de gran precio. Una verdad descubierta por
nosotros mismos permanece con nosotros después de haber perdido una docena de otras
verdades que nos hayan sido explicadas por otros. Por lo tanto, si podemos ser inducidos a
profundizar en “La Doctrina Secreta” por nosotros mismos, nos beneficiaremos más que si
alguien nos explicara cada enseñanza contenida entre sus cubiertas.

Una lectura precipitada ocasionará disturbios en la mente, como antes de nosotros
los demonios y devas, Dhyan Chohans y Kumaras, yogas y ciclos, satires y faquires,
adeptos y alquimistas, manus y mónadas, en una continua sucesión de imágenes sucesorias.
Para ser de valor, “La Doctrina Secreta” debe ser estudiada. Así como Teseo, quien
entró al laberinto de Creta para pelear con el Minotauro, fue guiado fuera del laberinto por
el hilo de Ariadna, el estudiante debe fijar su mente en un tema, y adentrarse audazmente en
el laberinto para pelear con el Minotauro de la ignorancia. Si persiste y se aferra
firmemente al hilo dorado de la intuición, tendrá la seguridad de extraer la gema invaluable
del conocimiento del tema en cuestión, y por su trabajo lo habrá hecho parte de sí mismo,
una posesión que nunca perderá. En esta manera, él pasará días en la búsqueda de un punto
pequeño, pero cuando entienda ese punto, sabrá que el tiempo fue bien invertido. Cuando
finalmente, él haya extraído tanta información como le haya sido posible de “La Doctrina
Secreta”, almacenará en su mente una concepción de la verdad.
 
No puedo describir la gran alegría que sentí cuando visualicé una verdad, y cómo
medité en ella y admirado pude ver cómo concordaba en todas las filosofías en general.
Debe recordarse que el trabajo que estamos considerando no es en ninguna manera el todo
de la filosofía esotérica que poseen los Maestros de la Sabiduría, sino un pequeño
fragmento de sus doctrinas fundamentales. Las enseñanzas de “La Doctrina Secreta”,
aunque están fragmentadas e incompletas, no pertenece a las religión Hindú, Zoroastrismo,
Caldea o Egipcia; tampoco al Budismo, Islamismo, Judaísmo o Cristianismo
exclusivamente. El libro contiene la esencia de todos ellos. Originados de la misma fuente,
han sido fragmentados en estos volúmenes, en sus elementos originales, fuera de los cuales
cada misterio y dogma se ha desarrollado y materializado. El objetivo del trabajo es mostrar
que la Naturaleza no es una concurrencia fortuita de átomos, para asignar al hombre su
lugar correcto en el esquema del Universo, para rescatar de la degradación las verdades
arcáicas, que son las bases de toda religión, para descubrir hasta cierto grado la unidad
fundamental que ellos soltaron, y finalmente para mostrar que el lado oculto de la
Naturaleza nunca ha sido alcanzado por la ciencia de la civilización moderna.

Cuando un arquitecto comienza a construir un moderno rascacielos, primero prepara
un cimiento sólido, sobre el cual levanta las enormes vigas de acero para formar el
esqueleto del edificio. Este esqueleto es entonces cubierto con paredes y pisos de concreto
y otros materiales. Un sistema de tubos de vapor, como arterias, lleva calor a cada cuarto.
Su sistema nervioso es una intrincada red de cableado eléctrico y telefónico, mientras que
en el sótano palpita una máquina de vapor, haciendo que funcione un generador eléctrico.
El resultado es un conjunto orgánico pulsante con vida.

Un tanto similar es el proceso seguido por los Maestros de la Sabiduría, quienes
construyen la gigantesca estructura de conocimiento oculto que estamos considerando. Un
escritor Mohammedan dice: “En la asamblea del día de la resurrección, los pecados de
Kabak serán perdonados por el motivo de la Lujuria de las Iglesias Cristianas”. El profesor
Max Muller contestó: “Los pecados del Islam son tan faltos de valor como el polvo del
Cristianismo. En el día de la resurrección ambos, los islámicos y los cristianos, verán la
vanidad de sus doctrinas religiosas. Los hombres pelean por su religión en la tierra. En el
cielo descubrirán que solo hay una religión verdadera”. En otras palabras, No hay religión
más elevada que la Verdad. Sobre esta fundación de la verdad fue levantada, por los
Maestros de la Sabiduría de las Edades, el esqueleto de la estructura del “Libro de Dzyan”,
un manuscrito Senzar de gran antigüedad, en donde está recolectado todo lo que fue bueno
y malo en todas las religiones del mundo, cubierto por el conocimiento oculto, adornado
con antiguos símbolos y mitos. Estos fueron los más hermosos para ser privados de las
escalas del materialismo que por edades los han cubierto. El resultado es un apilamiento de
filosofía trascendente contenida en “La Doctrina Secreta”. Se puede preguntar: ¿Dónde
están las arterias de tubería de vapor, el sistema nervioso de cableado eléctrico, la máquina
de vapor y el generador eléctrico para vitalizar la construcción?. Los estudiantes deben
suplirlo consigo mismos haciéndolo parte de sí mismos, tomándolo para su propia vida. En
proporción, como ellos hagan esto será la vida que tengan para sí mismo, su medida y sus
límites que son su dedicación a sus ideales.

“La Doctrina Secreta” establece tres postulados fundamentales:
El primero es la existencia de un Principio omnipresente, eterno, infinito e
inmutable acerca del cual toda especulación es imposible, ya que trasciende el poder de la
concepción humana y sólo puede ser comparado por una expresión humana o similitud.
Está fuera del alcance del pensamiento y de toda expresión humana. Este ser Ser es
simbolizado en “La Doctrina Secreta” bajo dos aspectos: en un lado es el Espacio Abstracto
Absoluto, representación de subjetividad baja, la única cosa que ninguna mente humana
puede excluir de cualquier concepto o concebir por sí mismo.

El segundo es un Motivo Abstracto Absoluto, representando conciencia
incondicional. Este aspecto, es también nombrado como el Gran Aliento, la Realidad
Única. El Absoluto es el campo de la conciencia absoluta, o la esencia que está fuera de
toda relación con la existencia condicionada, y de la cual la conciencia de la existencia es
un símbolo condicional; pero una vez que pasamos en pensamiento de esta absoluta
negación (para nosotros), la dualidad ocurre inesperadamente en el contraste del Espíritu (o
la Conciencia) y Materia.

El Espíritu y la Materia tienen que ser vistos no como realidades independientes,
sino como símbolos o aspectos del Absoluto, que constituyen la base del ser condicionado,
ya sea subjetivo u objetivo. Considerando esta triada metafísica como la raíz de donde
procede toda manifestación, el Gran Aliento asume el carácter de la ideación precósmica.
Es la fuente de fuerza y de toda conciencia individual, y suple la Inteligencia, guía en el
vasto esquema evolutivo. Por otro lado, la sustancia raíz precósmica es el aspecto del
Absoluto que es la base de todos los planes objetivos de la naturaleza.

El universo manifestado es impregnado por la dualidad, la esencia más básica de su
existencia como Manifestación. Así como los polos opuestos de subjetividad y objetividad,
espíritu y materia, son solo los aspectos de la Única Unidad en que ellos están sintetizados,
de tal manera que en el universo manifestado hay una unión del espíritu a la materia,
subjetivo a objetivo. Este algo, como algo desconocido para la especulación del Oeste, es
llamado por los ocultista del Este “fohat”. Es el puente por el cual las ideas existentes en el
pensamiento divino son impresas en la sustancia cósmica.

Así que, del espíritu o de ideación cósmica viene nuestra conciencia; de la sustancia
cósmica vienen todos los vehículos en que esta conciencia es individualizada; esta sustancia
en sus variadas manifestaciones es la liga misteriosa entre la mente y la materia, el
principio que vivifica cada átomo.

El segundo postulado fundamental de “La Doctrina Secreta” es la existencia de la
eternidad en todo como un plano ilimitado, siendo periódicamente el espacio de los
innumerables universos que incesantemente se manifiestan y desaparecen. Este postulado
es la universalidad absoluta de la ley de la periodicidad, del flujo y el reflujo que la ciencia
física ha observado y registrado en todos los departamentos de la naturaleza. Una
alternación como la del día y la noche, caminar y dormir, vida y muerte, es de hecho tan
común, tan perfectamente universal y sin excepción, que es fácil de ver en ello una de las
leyes fundamentales del universo.

El tercero y último de los postulados fundamentales de “La Doctrina Secreta” es la
identidad fundamental de todas las almas con el Alma Universal, el último ser en sí mismo
un aspecto de la Raíz Desconocida; y el peregrinaje obligatorio de toda alma en cada ciclo
de la encarnación. Estas almas o chispas son los Hijos que habitan eternamente, desde el
principio de la era creativa en el regazo del Padre. Ellos existen para ser perfectos a través
de los sufrimientos. Cada alma es de verdad igual al Padre en lo que concierne a su
divinidad, pero inferiores al Padre en sus condiciones de humano, y cada uno entra en la
materia para rendir todas las cosas a sí mismo. El alma tiene que ser sembrada en debilidad
para que sea levantada en poder, para escapar de las limitaciones, de un Logos estático,
conteniendo todos los poderes divinos, omnisciente y omnipresente de su propio plano,
pero inconciente de los demás planos. Su gloria es velada en materia que enceguece el
alma, para que a través de la experiencia, el alma pueda llegar a ser omnisciente y
omnipresente en TODOS LOS PLANOS, respondiendo a todas las vibraciones divinas en
lugar de solo a las vibraciones de los planos más altos.

La doctrina giratoria de la sabiduría oculta, no admite dones especiales o
privilegiados en el hombre, a excepción de aquellos ganados solo por su alma a través de
largas series de reencarnaciones y metempsicosis.

Tales son las concepciones básicas en que “La Doctrina Secreta” se fundamenta. No
sería apropiado hacer una defensa o probar su inherente cordura, tampoco puedo detenerme
para mostrar cómo se contienen, demasiado a menudo bajo modo engañoso, en todos los
sistemas de pensamiento o de filosofía digna de renombre.

Una vez que el estudiante ha logrado una clara comprensión de ellas y percibe la luz
que emanan sobre cada problema en la vida, encuentra que no necesita una justificación.
La historia de la evolución cósmica como fue trazada en las Stanzas de Dzyan
puede mirarse como la fórmula algebraica abstracta de la evolución. Por lo tanto, el
estudiante no debe esperar encontrar un conteo de todas las etapas y transformaciones que
han ocurrido entre el inicio de la evolución universal y nuestra etapa actual. Dar un conteo
tal sería tan imposible como incomprensible para el hombre, quien no puede alcanzar a
comprender siquiera la naturaleza del plano próximo a su existencia. Por eso los Stanzas
dan una fórmula abstracta que puede ser aplicada a toda la evolución, a aquella de nuestra
pequeña tierra, a la de la cadena de planetas de la cual forma parte nuestra tierra, a la del
universo solar al cual pertenece la cadena, y así sucesivamente en la escala ascendente
hasta que la mente se enrede exhausta en su esfuerzo por comprender.
Los siete Stanzas del primer volumen representan los siete términos de la fórmula
abstracta a la que se refieren, y describen las siete grandes etapas del proceso evolutivo
mencionados en la filosofía Hindú como las siete creaciones, y en la Biblia como los días
de la creación.

Max Heindel