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lunes, 5 de marzo de 2018

SERES INVISIBLES QUE ACTUAN SOBRE LA MISA





(Capítulo IV del libro “The Inner Side of Church Worship” por Geoffrey Hodson)

Los efectos ocultos de una Misa de Réquiem (Misa de Difuntos) celebrada el Día de todos los difuntos en la co-catedral Santa María de la Iglesia Católica Liberal. Londres

            Aquellos que ya han abandonado este mundo, frecuentemente asisten a los servicios religiosos de las iglesias pero, en esta especial ocasión al celebrarse la Misa de Difuntos, se pudo ver un número mucho mayor que de costumbre. Muchos llegaron antes de que la Misa empezara, agrupándose su mayoría alrededor de los laterales de la iglesia y en la galería, llenando casi el espacio debajo del techo.
            A nivel de su consciencia psíquica, muchos miembros de la congregación “física” de fieles, pudieron saludar a sus amigos desencarnados. La alegría producida por las varias y felices reuniones que ocurrían, no fue en ningún modo desvirtuada por el hecho de que poco o ningún conocimiento de este hecho se filtraba a la consciencia cerebral de vigilia. La mayor parte de la congregación “física” había generado pensamientos-forma claros de los parientes y amigos fallecidos y estos, los pensamientos, fueron reemplazados más tarde por los amigos y parientes mismos. En algunos casos, los desencarnados habían traído con ellos a nuevos amigos hechos en el más allá. Estos, junto con otros visitantes y los visitantes asiduos, humanos y angélicos, formaban en los planos internos una gran congregación.
            La congregación invisible se colocó de cara al altar cuando la Misa empezó y desde ese momento y gradualmente fueron siendo atraídos hacia el mundo físico. Desde el comienzo podían ver las velas con claridad ya que la luz de una vela de cera es visible en los planos internos y algunas veces se utiliza como señal para los que están al otro lado del velo. El resplandor y el Poder del Santísimo Sacramento también se veía con claridad al igual que los ángeles oficiantes, los rayos de fuerza que emitían las joyas y los distintos símbolos. Algunos, sin embargo, permanecían como ciegos lo cual es extraño dado que su visión no está limitada como la nuestra por la posesión de un cuerpo físico.
            El efecto general era como si se revelara el espacio físico interior de la Iglesia a modo de cortina o telón que se hubiera abierto. Este efecto no se producía en la misma manera fuera de la iglesia. Toda la congregación había quedado apartada de las vibraciones y los fenómenos del mundo externo. Un gran ángel, al cual nos referiremos después, se ocupaba de este trabajo y contenía a la congregación suprafísica dentro de su aura permitiendo de esta manera el crear las condiciones especiales por las cuales el velo pudiera ser echado a un lado.
            Los ángeles de la Eucaristía trabajaban minuciosamente para incluir a vivos y muertos dentro del edificio espiritual para que todos pudieran compartir en la mayor medida posible, las influencias que estaban derramando. Ayudaban a ciertas personas cuando era necesario y posible y gradualmente debido a su trabajo, ambas congregaciones fueron acercándose una a la otra. Hacia el final de la celebración religiosa, los desencarnados pudieron ver el edificio físico, a sus amigos y, especialmente, a los sacerdotes.
            Esto les llenó de alegría aunque algunos experimentaron un vago deseo, incluso cierto anhelo, de volver a la vida del mundo físico. Algunos no habían encontrado la nueva vida tan feliz como debiera ser y se sentían solos. Todos, por el contrario, se sentían mucho más alegres por participar en la celebración. Para muchos la consciencia interna disminuyó en alguna medida a la vez que la percepción física aumentaba, aunque algunos retenían la visión de su propio plano. Los hubo que entraron dentro del aura de sus amigos y se sentaron a su lado, pero la mayoría de aquellos que tenían amigos físicos presentes, flotaban justo encima de ellos. Casi todos sentían alegría por la reunión y por recibir los pensamientos de amor y los recuerdos de sus parientes y amigos.
            Gradualmente, cuando todos se habían armonizado, la música y las palabras se podían oír con mayor claridad. Esto les hizo muy felices, trayéndoles a la memoria viejos y agradables recuerdos. Era una delicia para ellos el poder oír las voces reales y actuales de sus familiares y amigos que se habían quedado en el plano físico. Escuchaban atentamente el sermón y en el Credo todos hacían una reverencia con la cabeza. Algunos conocían bien las palabras y se santiguaron en el momento adecuado pero todos seguían la celebración con reverencia e interés.
            Después de cierto tiempo, todas las consideraciones personales dieron paso a un acto mutuo de adoración al quedar ambas congregaciones cogidas en el ritmo y poder de la Misa.
Gradualmente, con pocas excepciones, se unificaron y armonizaron pudiendo los ángeles tratarles como una sola congregación. Las excepciones las constituían aquellos que no estaban familiarizados con los actos de la Iglesia; permaneciendo estos apartados pero contemplándolo todo con interés aunque sin participar.
            El Ángel de la Presencia brilló con toda la perfecta belleza espiritual de Nuestro Señor, cuyo amor y bendición se derrama por el Ángel. Todos estaban unidos ante tan maravillosa influencia espiritual especialmente los que permanecían aparte ya que el Ángel dirigió su atención hacia ellos con un  maravilloso y tierno amor que definitivamente echó a un lado su soledad y les atrajo hacia sí.
            Un gran ángel de un tipo completamente nuevo para el autor, apareció en el lado oeste de la iglesia. Aunque esencialmente era un ángel de Amor, y emitía un tipo especial de amor y protección sobre los desencarnados; su apariencia externa era tal que me recordaba al Ángel de la Muerte. Parecía ser un representante del gran dios de la Muerte cuya poderosa mano corta el cordón de plata que ata al Ego al cuerpo durante la vida terrenal. Su rostro era muy marcado e inspiraba cierto pavor con su expresión insondable de poder y misterio. Era de color verde oscuro y tan alto como todo el edificio de la iglesia. Mantenía a la congregación invisible muy cerca de su consciencia y ejercía una poderosa y protectora influencia sobre ellos para que ningún mal pudiera tocar a vivos o muertos. Permanecía sin moverse e impasivo manteniendo como se ha mencionado ya, el mundo externo apartado. Daba la impresión de ser una estatua viviente enorme de color verde oscuro del Ángel de la Muerte.
            En el mundo más allá de la vida física, al igual que en el plano material, existen muchos seres indeseables que se aprovecharían rápidamente de las condiciones especiales que se producen al producirse una interrelación de fuerzas entre ambos mundos. Esta protección angélica se añadía a la preservación original de la consagración de la iglesia y a los “muros o paredes” del edificio eucarístico.
            También ha habido un proceso general de disminución del grosor del velo existente en el mundo material, pero esto estaba limitado a los niveles más elevados de los planos en cuestión. Parece que esto es el resultado de ciertos cambios que ocurren en todo el sistema solar en eta época del año. La influencia de lo espiritual, en contraposición con lo material, de alguna manera aumenta y la división entre espíritu y materia se hace menso marcada. Es posible que exista una ley cíclica por la cual, en esta época del año, todos los velos se vuelven más sutiles así que los varios niveles pertenecientes a los distintos mundos quedan mejor sincronizados unos con otros. Los subplanos más elevados de los mundos mental, astral y etérico son los más afectados. Se mezclan e interactúan uno con otro de modo que el latido de la vida y la fuerza en y a través del mundo material es mucho mayor. Dentro de la iglesia, donde se ha obtenido condiciones especiales, dicho proceso se extiende por todos los subplanos hasta los más inferiores; de ahí que sea necesario tomar ciertas medidas de precaución.
            Aparentemente, esta es la función del Ángel de la Muerte ya que está a cargo de la transferencia de poder, consciencia y vida de un plano a otro y con la toma de consciencia del mundo astral una vez que se ha fallecido. Lleva a cabo una función que es complementaria y justa la opuesta a la de la Virgen María que preside cada nacimiento humano. Esta correspondencia parece evidente pero el autor no puede profundizar en el tema.
            Volviendo a la celebración de la Eucaristía, se descubrió que la repetición de un nombre instantáneamente une a su propietario, dondequiera que esté, con el oficiante y a través de él, con el poder de la ceremonia. Cuando se recitó la oración por los difuntos y se dijo los nombres de los difuntos, los fallecidos nombrados repentinamente brillaron con una gran luz; la bendición de nuestro Señor proveniente del Altar fue la causa por la que el principio Crístico en el interior de estas personas fallecidas resplandeciera. Aquellos  que no estaban presentes se sintieron atraídos hacia las personas que dijeron los nombres y en algunos casos, inmediatamente aparecieron en la iglesia, llamados por el poder de Nuestro Señor y el amor de aquellos que acordaban de ellos.
            Los ángeles trajeron a la iglesia a muchos cuyos nombres habían sido mencionados y también reunieron a otros no llamados. Muchos ángeles parecían pastores hermosísimos, cada uno con su rebaño de seres humanos que ellos juntaban y traían ante la presencia del Señor. Algunos que durante su vida terrestre fueron reacios a lo espiritual, pueden cambiar completamente después de la muerte.
            Hacia el fin de la misa, la congregación invisible fue atraída cada vez más al Altar Mayor y muchos de ellos parece que recibían el Santísimo Sacramento a través de sus amigos. Sus auras brillaban con gran intensidad creciente mientras pasaba este momento y al final, muchos de ellos habían alcanzado un estado exaltado de espiritualidad.
            Pronto después de la bendición final, el velo entre lo visible y lo invisible pareció densificarse como si la cortina que oculta los planos internos fuera echada de nuevo. Algunos pocos de los fallecidos permanecieron hasta la bendición final quedándose con sus amigos encarnados durante algún tiempo e incluso les acompañaron fuera de la iglesia. Posiblemente pudieron tomar contacto con la vida física de sus parientes y amigos durante el resto del día de un modo que no es posible normalmente. Unos cuantos se quedaron en la iglesia para rezar, pero la mayor parte de la invisible congregación se dispersó después de la bendición.
            Al contemplar estas cosas, nos parece que en muchas maneras la religión es más fácil de asimilar para los desencarnados que para los que quedan ene plano físico, ya que los primeros pueden “ver” el lado oculto de la liturgia mientras que los vivos no. La gloria que irradia de la Sagrada Forma, el poder de Cristo descendiendo por la cruz y el esplendor y belleza del Ángel de la Presencia son, para ellos, claramente visibles.
            La respuesta de los fallecidos a la celebración de la misa fue mucho mayor que la de lo presentes encarnados. Uno se da cuenta de en qué medida tan grande el cuerpo físico nos estorba para percibir las grandes verdades espirituales y fuerzas que están presentes en los actos de la Iglesia y de cuánto poder, belleza y conocimiento nos perdemos debido al cuerpo denso y al cerebro físico.          Parte del valor de los actos litúrgicos de la Iglesia, reside en la estimulación y aceleración de nuestros cuerpos hasta alcanzar un grado mucho mayor de sensibilidad y capacidad de respuesta, así el velo se vuelve más tenue cuando nuestra Madre espiritual nos guía hacia la vida religiosa.
            Después de algunos años de servir y de orar, tendríamos que habernos sensibilizado y ser tan receptivos a lo interno como los miembros desencarnados de la congregación. En un futuro, nuestra percepción igualará a la de los santos Ángeles y ya no necesitaremos a la Iglesia salvo como campo de servicio para el mundo.

                                                                       Un estudiante DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ.



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